César Azabache

César Azabache

Hablando de justicia
Director de Azabache Caracciolo Abogados. Abogado especializado en litigios penales; antiguo profesor de la Universidad Católica y de la Academia de la Magistratura. Conduce el espacio de entrevistas legales “En Coyuntura” en la revista La Ley. Es miembro del directorio de la revista Gaceta Penal y autor de múltiples ensayos sobre justicia penal.

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Invisibles

“Cuando hay de por medio personas con nombre y apellido afectadas, la referencia general ‘al pueblo’ no basta”.

Fernando de Trazegnies, canciller en tiempos de Alberto Fujimori, escribió hace más o menos 15 años el mejor texto que he leído sobre firmas. Sí, las firmas resultan ser un asunto que no deja de tener aspectos fascinantes. De Trazegnies, por ejemplo, sostenía que la firma es y ha sido siempre una marca personal, un signo usado por una persona de carne y hueso para registrar su voluntad en un día y lugar determinados. Quien firma es quien decide la forma de la marca que emplea; la manera en que cambia en el tiempo. Esa persona, quien firma, solo miente si declara haber firmado en un lugar en el que no estaba. Fuera de quien firma, miente quien le suplanta. Pero una suplantación supone que esa persona a quien representa la firma denuncie el evento. La simple sospecha de un tercero ausente en la escena no tiene cómo ser suficiente para esto.

Voy a elegir una aproximación a las firmas que parta de las personas como personajes centrales del hecho de firmar. La aproximación que usa FP en su caso sobre nulidades extemporáneas hace a estas personas simplemente invisibles.

Nuestros discursos legales transitan sobre las leyes y sus significados, pero expresan siempre lo que pensamos sobre las otras y los otros. Para FP la firma es una cosa vacía de contenido. La persona detrás de la firma no interesa. Las firmas para FP son imágenes gráficas que pueden ser controladas visualmente, prescindiendo de todo testimonio y circunstancia. FP dice querer más tiempo. Pero no es para preguntar a las 503 personas a las que involucra en su caso si tienen algo que decir. Tampoco las 25 o 26 que deben ser descontadas de la lista porque confirmaron ya ser quienes firmaron. Ni los 50 personeros de su propia organización que validaron parte de esas firmas. FP solo quiere que los expertos confirmen que las firmas “se ven” como sus equipos legales las vieron. Nada más.

Es como reconocer que las personas detrás de esas grafías le son demasiado distantes para poder incluso imaginarlas. ¿Como gobernar un país desde esa distancia? No voy a adjetivar esta manera de ver las cosas. Pero para describirla hay un sustantivo, “exclusión”, y un verbo, “invisibilizar”.

La defensa de PL merece desde mi punto de vista objeciones semejantes. PL se ancló en este debate, que espero haya terminado, en la cuestión sobre los plazos legales. Bueno, los plazos legales se vencieron en efecto antes que lleguen al sistema todos los pedidos de nulidad de FP. Pero no he escuchado ninguna voz en esa agrupación o en su entorno que defienda el derecho de estas más de 470 personas que aún no han confirmado sus firmas a ser tomadas en cuenta. Tampoco les he oído reivindicar de manera concreta, con una propuesta que pase de la simple proclama, el derecho de las 100 mil personas, cuyo voto ha pretendido excluir FP del recuento final, a ser tenidas en cuenta.

Cuando hay de por medio personas con nombre y apellido afectadas, la referencia general “al pueblo” no basta. Hacen falta nombres, apellidos y rostros. Historias de vida. No solo proclamas.

Visibilidad, no te he visto reclamada. ¿Alguien en el entorno que ha defendido la elección de Castillo notó acaso que las casi 100 mil personas que votaron en esas mesas tienen también derecho a demandar protección contra quienes quieren excluirlos del proceso sin evidencia? ¿No es esta una historia de discriminaciones?

Pero si para FP los votos de estas 100 mil personas son cosas descartables, para los defensores de PL han sido algo semejante a un capital que importa en sus valores numéricos, no en lo que significan para las personas que depositaron esos votos.

No deja de hacerme ruido ese mensaje: Para PL “el pueblo” solo parece importar como abstracción sin forma, no como colectivo concreto.

¿Dónde, entonces, está la diferencia?