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Vladimiro reloaded

“El escenario ya era bastante turbio gracias a los esfuerzos fujimoristas por torcer la voluntad popular, quebrando las instituciones centrales de nuestra democracia...”.

La irrupción de Vladimiro Montesinos en medio de la turbulencia ocasionada por la negativa de Keiko Fujimori y su entorno a reconocer los resultados de la segunda vuelta termina de devolvernos de pleno a los años noventa.

El escenario ya era bastante turbio gracias a los esfuerzos fujimoristas por torcer la voluntad popular, quebrando las instituciones centrales de nuestra democracia y asomándonos al abismo de un golpe, pero el audio donde se escucha al todopoderoso exasesor de Alberto Fujimori —preso luego de sobornar a buena parte de nuestra clase política, empresarial, militar y judicial— despierta el desagradable recuerdo de esos tiempos en los que toda la estructura del Estado fue parasitada por la corrupción y puesta al servicio de las necesidades del régimen fujimorista.

Ya nos habíamos acercado peligrosamente a este estado de las cosas con la zigzagueante estrategia de Fuerza Popular que, en el esfuerzo por retrasar el resultado de las elecciones y desconocer la voluntad ciudadana expresada libremente en las urnas, había empleado todas las argucias legales a la mano, apoyándose en una buena batería de mentiras y afirmaciones sin sustento.

Ante el fracaso de estas primeras maniobras, como un espejo de los once años en que Fujimori y Montesinos compartieron el poder, comenzó a articularse una comparsa que reúne a partidos como Fuerza Popular, el Apra y Acción Popular; a los políticos investigados por las corruptelas del caso Lava Jato; a militares en retiro que fueron funcionales a la dictadura fujimorista; a los magistrados del caso Cuellos Blancos del Puerto (incluido el «declinante» Luis Arce Córdoba) y a los medios de comunicación puestos al servicio de la manipulación y el embuste, que ahora no responden a montañas de dinero repartidas en la salita del SIN, sino al miedo más cerval.

La voz de Vladimiro Montesinos coordinando con el operador Pedro Rejas, quien a su vez se comunicó con Guillermo Sendón —saltimbanqui de la política que ahora simpatiza con Fuerza Popular, el Apra y López Aliaga—, para tratar de interferir el proceso electoral sobornando a tres integrantes del pleno del Jurado Nacional de Elecciones, termina de confirmar este «golpe lento» —como lo han llamado Vergara y Levitsky—, así como la evidente mala fe detrás de la campaña fujimorista de impugnaciones y nulidades.

Ahora sabemos, como en los noventa, que los peores miedos eran reales. Que detrás de las impugnaciones de Fuerza Popular siempre se agazaparon las ganas de alterar el voto ciudadano (quizá el factor más valioso de una democracia), con la idea de ganar indebidamente unas elecciones o, al menos, generar zozobra para escapar de las consecuencias de una derrota como la que han sufrido. Ahora todo está claro.