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La autodestrucción de la derecha

“La derecha que tilda siempre de radicales a quienes no quieren un proyecto minero en el patio de sus casas gritó ‘nos están robando el país’ por irregularidades, inconsistencias...”.

Por Rodrigo Salazar Zimmermann (*)

“Parte de la derecha se destruirá sola en las elecciones presidenciales”, escribí en estas mismas páginas en octubre del año pasado. Me quedé corto con el pronóstico, a juzgar por la actitud que ha tomado la derecha en las últimas semanas: el grito de ‘fraude’ del cual tiene más presunciones que certezas. Expliqué en esa columna que la autodestrucción se daría por canibalización de votos. Hernando de Soto pelearía electores con Rafael López Aliaga y ninguno tendría chances de tentar el sillón presidencial. Si bien eso sucedió, nunca imaginé que la derecha fuera a autodestruirse incluso más allá de la política.

Me refiero a autodestrucción en términos de credibilidad y prestigio. En estos años no se había visto la maquinaria de la derecha tan coherente dentro de su incoherencia como en estos últimos dos meses. Toda la derecha reaccionó al unísono, histérica, aterrada, pateando el tablero de la democracia, porque la democracia de esos otros no es tan democracia como la suya (que la confunde con neoliberalismo). Esta vez no fueron solo el fujimorismo y las huestes del Apra; fue el empresario que organizó sesiones de lavado de cerebro a sus trabajadores para que votaran por Keiko Fujimori, el abogado que revisó actas “por la democracia” –pero solo aquellas en las que ganó Pedro Castillo–, el periodista desinformador, la dueña del hotel de perros que prohibía a ‘clientes comunistas’, las tiendas de Miraflores y San Isidro que, en una deliciosa metáfora, cubrieron con drywall sus locales porque ridículamente creían que podría haber disturbios, como diciendo ‘no quiero ver, no quiero escuchar, me encierro en mí misma’. Como históricamente ha hecho la derecha en cualquier lugar del Perú a partir de los 800 msnm.

La derecha se ha autodestruido también por su intento de fabricar una realidad paralela a kilómetros de la verdad. La derecha que nunca leyó El manifiesto comunista acusó a Pedro Castillo de comunista; la derecha que tilda siempre de radicales a quienes no quieren un proyecto minero en el patio de sus casas gritó “nos están robando el país” por irregularidades, inconsistencias y formalismos electorales que, por algún misterio falaz, representaban un inequívoco fraude general. El terror ideológico, la realidad paralela que parecía sacada de una novela de ciencia ficción, se convirtió en una profecía autocumplida… para la derecha.

Esta actitud ha dilapidado la credibilidad de toda la derecha. La otra mitad del país, o mejor dicho la otra mitad más uno, tiene argumentos de sobra para no confiar en ella. Eso es grave de cara a un próximo presidente improvisado, inconsistente y bajo la sombra de Vladimir Cerrón. ¿Qué pasará cuando la derecha salte –ahí sí con razón– si el próximo gobierno abre un forado fiscal? ¿O si cae en la política de poner aranceles a la importación de zapatos? ¿O si el próximo presidente del BCR falla en su política monetaria? ¿Quién le va a creer? El Perú necesita de la derecha democrática para balancear a un poder Ejecutivo que será de izquierda, necesita de una derecha que sea una oposición constructiva. Pero esa derecha que el país necesita ya no existe más.

Eso no quiere decir que en su reemplazo, o de sus cenizas, no esté surgiendo un gremlin: la derecha alternativa (alt-right en inglés). En EE. UU. esta facción es abiertamente desinformadora y mentirosa, conspiranoica, perseguidora de ideologías, antidemocrática y violenta. Macartista. Pareciera, por lo menos ahora, que Keiko Fujimori está convirtiéndose en la lideresa de la derecha-alt, lo que fortalecerá al fujimorismo y renovará su capital político. Es posible que el núcleo duro de votantes del fujimorismo haya pasado de un 8% a, vaya uno a saber exactamente, más del 20%. Este es el escenario de derecha-alt que el gobierno de Pedro Castillo enfrentará en el próximo Congreso, porque de la derecha racional no queda ni la sombra.

(*) Periodista y profesor de la UPC