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Refugiados: respuestas a una crisis sin precedentes

Los refugiados nos muestran esa faceta que aún no podemos resolver, situaciones atroces o conflictos, que se suman a factores sociales, económicos y hasta climáticos que llevan a familias a huir en busca de asilo en otros países.

Federico Agusti (*)

El mundo ha progresado de manera extraordinaria en los últimos años, permitiendo que por medio de un celular pudiésemos realizar una videoconferencia, hablar con nuestros padres, enviar remesas, trabajar a distancia o realizar consultas médicas por telemedicina. La tecnología nos permite producir un mayor volumen de alimentos, mandar cohetes al espacio que regresan solos a su base y pueden volver a ser utilizados, tener autos eléctricos y tantas otras innovaciones.

Pero aún no logramos prevenir o resolver conflictos, controlar o evitar la violencia, proteger a las personas para garantizar su vida, seguridad o libertad de manera que todos podamos disfrutar de condiciones para una vida digna y en paz.

El 20 de junio de cada año se conmemora el Día Mundial del Refugiado, invitándonos a la reflexión sobre la situación actual y el camino a seguir para proteger a quienes huyen de la persecución. Vale solo observar que en 2020 se contabilizan 82,4 millones de personas desplazadas de manera forzosa, el doble de hace 10 años atrás.

Los refugiados nos muestran esa faceta que aún no podemos resolver, situaciones atroces o conflictos que no deberían suceder, como la interminable guerra en Siria, la crisis humanitaria en Venezuela, o las bandas criminales en Centroamérica que se suman a factores sociales, económicos y hasta climáticos que llevan a familias a huir en busca de asilo en otros países.

Pero también ellos nos recuerdan esa fortaleza extraordinaria que llevan dentro, que a pesar de haberse caído, les permite levantarse aún con dificultades y seguir el camino, con la esperanza de reencontrarse con los sueños que quedaron atrás.

No debemos olvidar que la historia nos muestra que cualquiera puede ser un refugiado, lo han sido los españoles, los italianos, los polacos, antes y durante las guerras mundiales –aunque en aquel tiempo nos los llamásemos así– y también en Sudamérica en los violentos tiempos de los años ´70; lo han sido famosos personajes como Albert Einstein o Freddie Mercury que tuvieron que salir de Alemania y Zanzibar respectivamente buscando paz y seguridad, pero también lo son cada uno de los hermanos venezolanos que nos cruzamos cada día en las calles de Lima, Trujillo o Arequipa.

La solidaridad para con ellos debería ser un privilegio nuestro de tener hoy la posibilidad de extender una mano a quienes buscan protección, y también un compromiso de los Gobiernos que ya en 1951 a través de la Convención sobre el Estatuto del Refugiado aprobaron proteger a quienes han tenido que huir debido a la persecución, que fue luego ampliada en América Latina para brindar protección a aquellos que escapaban de sus países porque su vida, libertad o seguridad o la de sus familias se veían amenazadas por la violación masiva de los derechos humanos, la violencia generalizada, los conflictos internos o las guerras que se producían en sus países.

Federico Agusti, Representante de ACNUR en Perú.

Las respuestas están al alcance de los países, y las organizaciones internacionales junto con la sociedad civil apoyamos los mecanismos para implementarlas. Documentar a quienes necesitan protección, reconocer su condición de refugiado, otorgarle una residencia humanitaria o brindarles un permiso de permanencia es el primer paso, pero también brindarles acceso a servicios públicos como la atención médica o la educación, facilitar el reconocimiento de sus títulos universitarios o promover actividades para su integración en las sociedades que los acogen.

En este mundo multicultural e interconectado y tecnológico debemos mantener en alto nuestro espíritu humanitario, nuestra empatía para apoyar a quienes hoy necesitan una mano amiga, una sonrisa que muestre que son bienvenidos. Sudamérica ha dado muestra de esa solidaridad, sigamos empujando ese camino, sigamos teniendo políticas abiertas hacia los refugiados. Algún día podríamos ser nosotros quienes necesitemos ese apoyo.

(*) Representante de ACNUR en Perú