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Movilización de masas, conciencia ciudadana y poder democrático

Ante el escepticismo sobre las ideologías, unir lo personal con lo social, lo individual con lo colectivo y solidario, es un camino a seguir por todos aquellos que continuamos deseando y trabajando por cambios sociales auténticos.

Michel Azcueta (*)

En estas semanas, finalizando el proceso electoral, estamos viviendo en muchas regiones y ciudades del país grandes movilizaciones de masas defendiendo en las calles una u otra de las dos propuestas políticas que, por voluntad popular, pasaron a la segunda vuelta electoral. Se pretende, con el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación, que se quisiera resolver con estas movilizaciones de masas la definición electoral. Pienso que conviene reflexionar sobre ello.

Considero que la acción política, individual y colectiva, está relacionada con la conciencia como ciudadanos, como parte activa, pensante, de la sociedad a la que uno pertenece. El problema está en que, como hay un gran desprestigio de la política, un desprestigio absolutamente interesado porque cuanta menos política haga la mayoría de ciudadanos, más fácil es mantenerse en el poder aquellos que lo tienen en estos momentos, no necesariamente la movilización de masas va unida a un mayor nivel de conciencia ciudadana.

La conciencia ciudadana es una opción a partir de una comprensión de la sociedad y de su funcionamiento y, también, de una visión de futuro que se concretiza en objetivos, en propuestas, en planes para ir cumpliendo. Y, hablando de democracia, se trata de compartir esa comprensión, esa visión y esa voluntad, con muchos otros para intentar de conseguir juntos, esos objetivos que, conscientemente asumidos, se van transformando en conciencia y la conciencia en voluntad colectiva y eso se hace en el marco de unas reglas de juego que parten precisamente de la Constitución. Es ahí donde se demuestra la tolerancia como base de la democracia.

La fuerza que da a uno, como ciudadano, y al grupo social, el hecho de tener una visión y unas propuestas es realmente grande, y la mayoría de ciudadanos y de los políticos tradicionales o no se dan cuenta o no quieren darse cuenta de ello prefiriendo jugar con la ciudadanía con promesas fáciles, con ilusiones vanas, participando, unos y otros, en movilizaciones de masas y en consignas adaptadas a cada momento, separadas de la realidad objetiva y, en muchas ocasiones, ocultando intereses particulares.

Al ver las movilizaciones de masas, voluntarias o manipuladas, se desea que no terminen en fracaso ya que uno de los problemas de los movimientos populares, en el Perú y en América Latina, es que tienen una historia muy pesada de fracasos, de frustraciones...y eso es lo que hay que comenzar a cambiar.

Hay una gran responsabilidad de los líderes políticos y de los medios de comunicación para que las movilizaciones actuales y el propio proceso electoral nos empujen a respetarnos mutuamente, a reconocer los derechos de los demás y a descubrir los objetivos colectivos, solidarios que la realidad peruana necesita en estos momentos.

Hay mucho por hacer en el Perú y, sin ningún rodeo, considero que es mucho más objetivo apostar en construir nuevos valores, nuevos objetivos y nuevas prácticas democráticas desde los sectores populares y sus organizaciones que desde los otros sectores sociales, que han mantenido y mantienen el poder sin haber dado solución a los principales problemas históricos del país.

En esta época, donde hay mucho escepticismo sobre las ideologías, unir lo personal con lo social, lo individual con lo colectivo y solidario, es un camino a seguir por todos aquellos que continuamos deseando y trabajando por cambios sociales auténticos. No es una utopía, es realmente posible y necesario.

(*) Exalcalde de Villa El Salvador.