Augusto Álvarez Rodrich.

Augusto Álvarez Rodrich.

Claro y directo
Economista de la U. del Pacífico –profesor desde 1986– y Máster de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, Harvard. En el oficio de periodista desde hace más de cuatro décadas, con varios despidos en la mochila tras dirigir y conducir programas en diarios, tv y radio. Dirige RTV, preside Ipys, le gusta el teatro, ante todo, hincha de Alianza Lima.

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Keiko ya fue... y ahora ¿por dónde se irá?

La encrucijada tras su tercera derrota consecutiva en la 2V.

Desde la noche del domingo 6 de junio, cuando se divulgó el conteo rápido de Ipsos, esta modesta columna no dudó que el ganador de la elección, y próximo presidente de la república, era Pedro Castillo, y que Keiko Fujimori había sufrido su tercera derrota consecutiva en una segunda vuelta.

El motivo: el conteo rápido de Ipsos (antes Apoyo O&M) nunca ha fallado en determinar el orden de llegada de los candidatos desde que se empezó a aplicar en la elección municipal 1986. El conteo oficial de ONPE al 100% confirmó el anuncio de la encuestadora.

Sin embargo, aunque se debe respetar el derecho de Fuerza Popular a plantear los recursos permitidos por ley para los votos que cuestione, nada de lo ocurrido en las dos semanas desde la votación lleva a pensar que el resultado de la elección se vaya alterar.

El informe de Ipsos por encargo de ProDemocracia revelado ayer para analizar los resultados del conteo rápido y ONPE al 100% de la segunda vuelta, con el fin de identificar posibles casos atípicos en las actas, permite descartar que haya habido un fraude sistemático. Los outliers son pocos, están repartidos en ambas candidaturas, y ni siquiera se concentran en una región en la que haya ganado Castillo.

Por ello, Keiko Fujimori está en la encrucijada de cómo encarar esta tercera derrota sucesiva e inminente.

Ahora puede, por un lado, repetir lo que hizo en 2016: no reconocer el resultado y dedicarse, desde el congreso, a demoler la institucionalidad por una pataleta incontinente. No debiera olvidar, sin embargo, que la elección 2021 no la perdió en los últimos meses, sino en su deplorable comportamiento antidemocrático en el lustro pasado.

Pero Keiko Fujimori también podría realizar todo lo contrario a lo que hizo en 2016: reconocer su derrota y plantear una oposición leal –fiscalizadora pero constructiva– con su bancada parlamentaria. Si hace eso, podría, condicionado a lo que ocurra con el proceso judicial que se le sigue, reconstruir su imagen pública y salvar al fujimorismo del camino de la extinción.

Y, de paso, lograr algo más importante que lo anterior: contribuir a mejorar la perspectiva peruana y de la ciudadanía, a diferencia de la destrucción que perpetró entre 2016 y 2020.

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