René Gastelumendi

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“Traidor de clase”

“Nunca antes mi entorno cercano más favorecido me había exigido que deje el periodismo en un segundo plano y que me la juegue en cuerpo y alma por Keiko”.

No la he tenido tan fácil en la vida, pero es evidente que mi extracción social y económica pertenece a los sectores más privilegiados de la sociedad. Nunca pude ponerme anteojeras y no mirar a mi alrededor, ser consciente de mis ventajas competitivas solo por el hecho de haber nacido donde nací. Tempranamente entendí que no disfruté de mejores oportunidades que la gran mayoría de mis compatriotas debido a un esfuerzo que me haga merecerlas, sino que fueron producto absoluto del azar. Es tal vez por esto que encontré en el periodismo el mejor espacio en donde no solo podía conocer la realidad peruana, mirarla a los ojos, entenderla, sino que también podía contribuir a denunciar las desigualdades, las injusticias y reflexionar sobre ellas, sus causas y, de pronto, propiciar su progreso. Suena muy romántico, pero así he tratado de hacerlo durante mis 20 años de carrera.

Aun a una persona como yo, que se considera centrista, ni de derecha ni de izquierda, que huye del pensamiento dicotómico y procura escuchar todas las posiciones, a menos, eso sí, que estas colisionen con la anticorrupción, con los derechos humanos, los derechos de las minorías o el racismo, frente a los cuales uno no puede ni debe ser neutral.

Todos los procesos electorales polarizan, no son una “fiesta democrática”, son una tortura porque diversos intereses se interponen, en mi caso, con el oficio periodístico y su esencia pluralista no en opinión, sino, por lo menos, en espacios concedidos, en equidad. Este último en particular ha polarizado nuestra sociedad a niveles de cataclismo. Más allá de las sospechas de medidas antidemocráticas, programa comunista, etc., detrás de Castillo, lo cierto es que lo genuino de su representatividad del Perú postergado mueve teclas sociales casi intocadas desde la colonia: desde lo étnico hasta las estructuras del poder. Nunca antes me habían considerado un “traidor de clase” por el solo hecho de anunciar un voto nulo y vigilante para cualquiera de los dos, nunca antes mi entorno cercano más favorecido me había exigido que deje el periodismo en un segundo plano y que me la juegue en cuerpo y alma por Keiko. Mi “tribu” quería que ponga el periodismo solo al servicio de uno de los lados, el de ellos. Lo siento, pero no pude ni quise hacerlo. Lo que me pedían era, justamente, darle toda la razón a Castillo en la denuncia que simboliza su candidatura, a pesar de sus deplorables recetas. Dormir en paz no tiene precio.