Pilar Ortiz de Zevallos

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Mirando al Bicentenario

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Las reglas del juego

“Ese fue el sistema que elegimos hace 200 años y que hoy, a punto de celebrar el bicentenario, los ciudadanos debemos cumplir y resguardar con riguroso celo”.

Nuestro proceso independentista se dio, entre 1820 a 1824, dentro de un Estado monárquico de corte liberal. En España, la sublevación militar de Rafael del Riego contra el régimen absolutista instauró el llamado “Trienio liberal” (1820-1823). El rey Fernando VII fue obligado a restaurar la Constitución liberal de las Cortes de Cádiz, y ese mismo año el virrey Pezuela recibió la orden de jurar la referida Constitución. Este hecho, al motivar mayor flexibilidad en el gobierno de las colonias, abrió un nuevo y propicio campo de acción en la lucha de los patriotas americanos.

La Real Cédula del 11 de abril de 1820 ordenaba al virrey y a las autoridades españolas iniciar negociaciones de paz con los independentistas. Es así como se organizan reuniones en pos de buscar un arreglo pacífico entre patriotas y realistas. Desde esa política, se llevaron a cabo las conferencias de Miraflores (setiembre-octubre de 1820) y las negociaciones de Punchauca (mayo-junio 1821). La correspondencia entre San Martín y los virreyes Pezuela y La Serna da cuenta de la búsqueda por encontrar una salida pacífica a la independencia. Ambos bandos sabían que, de no llegar a un acuerdo, el siguiente paso sería el enfrentamiento armado. Realistas y patriotas aceptaban las reglas del juego.

Así mismo, la Constitución de Cádiz al decretar la libertad de prensa había propiciado la publicación de impresos. La propagación de ideas de las diferentes tendencias, liberales y conservadoras, se daba dentro del marco legal vigente.

Iniciada la república (1822), el Perú adoptó el sistema democrático, y a vivir bajo reglas amparadas en la Constitución. En las democracias, el ágora griega simboliza el espacio de encuentro, donde los ciudadanos proponen, discrepan, argumentan y legislan. Su peor amenaza, la ruptura de ese orden cuando no se respetan las reglas del juego. Ese fue el sistema que elegimos hace 200 años y que hoy, a punto de celebrar el bicentenario, los ciudadanos debemos cumplir y resguardar con riguroso celo.