Raúl Tola

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No será fácil

“Lo más probable es que ni siquiera haya una tregua y los meses que vengan sean una prolongación de las disputas...”.

Este lunes 7 de junio el Perú amanecerá con un nuevo presidente electo. Sea Keiko Fujimori o Pedro Castillo, para entonces habrá concluido una de las segundas vueltas más destructivas y extenuantes de las que se tenga memoria. Por el camino quedaron amistades rotas, familias distanciadas y una sociedad fracturada. Pero el fin de esa pesadilla de ocho semanas -si solo contamos la segunda vuelta- será el comienzo de otra.

Cuesta imaginar que, conocidos los resultados, ambos candidatos apuesten por moderar sus posiciones, tendiendo puentes, asumiendo compromisos democráticos, pacificando los ánimos y uniendo al país.

Lo más probable es que ni siquiera haya una tregua y los meses que vengan sean una prolongación de las disputas y acusaciones tribales que se agravaron en los últimos tiempos, pero que comenzaron en 2016. Quien sea electo tendrá que dedicar una parte crucial de su tiempo a defenderse, evitando que la oposición lo vaque. Quien pierda, invertirá todas sus fuerzas en socavar al Ejecutivo, para acortar su mandato por el camino que haga falta.

Los señores Castillo y Fujimori han sido extraordinariamente irresponsables. Solo eso los desacredita para ejercer la presidencia. Pero el colmo de su imprudencia han sido las absurdas acusaciones de fraude que ambos han intercambiado alegremente, con el propósito explícito de cuestionar los resultados de la elección si estos les resultan adversos.

Inquieta imaginar los conflictos que se pondrán en marcha si al candidato de Perú Libre se le escapa la presidencia en el último tramo, que podrán escalar hasta niveles de convulsión social. O la reacción prepotente de la prensa, el empresariado y algún sector de las Fuerza Armadas si, más bien, el derrotado es Fuerza Popular. Un polvorín al que solo le bastará una chispa para estallar.

¿Quedan esperanzas para un país exhausto, empobrecido e irritado, que ha perdido a 180.000 personas por culpa de la pandemia? Claro que sí. Porque si algo nos ha enseñado la historia es que el Perú siempre ha sabido encontrar una salida civilizada, democrática y sabia para sus peores crisis. Ocurrió con la caída del gobierno de Alberto Fujimori en el 2000, que abrió las puertas a una transición modélica liderada por Valentín Paniagua. Volvió a ocurrir hace menos de un año, cuando Manuel Merino de Lama fue depuesto por una ciudadanía vigilante, que supo movilizarse e incluso puso en riesgo su vida para frenar los atropellos del gobierno de facto.

Estas soluciones no provendrán de una clase política corrupta y mediocre, sino de una ciudadanía que sabrá encontrar los liderazgos y mecanismos necesarios para volver a salir de las sombras. No será fácil, pero estoy convencido de que el proceso de vigilancia y control ciudadano que comienza este lunes volverá a prevalecer sobre la podredumbre, el autoritarismo y la grisura.