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Elecciones charras

“Votarán por los 14.200 cargos de regidores y alcaldes municipales, por los presidentes de 1.923 de los 2.458 municipios y consejeros de los numerosos estados”.

Por: Gonzalo García

Noventa y seis millones de mexicanos han sido convocados este seis de junio a la elección de una gran parte de sus autoridades por voto popular. Del total del padrón, más de la mitad son mujeres y la mayoría son jóvenes maduros. Ya no son chavos.

Acto democrático que coincide con la fecha de la segunda vuelta presidencial peruana.

Los comicios están siendo dirigidos por un organismo federal, independiente y autónomo, el Instituto Nacional Electoral-IFE-. Aquí por el trípode JNE/ONPE/RENIEC.

En la tierra del guapango votarán por los 14.200 cargos de regidores y alcaldes municipales, por los presidentes de 1.923 de los 2.458 municipios y consejeros en gran parte de los numerosos estados del federalizado territorio mexicano. También elegirán Senado, a 500 diputados federales y 15 de los 32 gobernadores con sus respectivas cámaras estaduales. De Baja California a Zacatecas, de Puebla a Veracruz, los ciudadanos deberán escoger el menú que presentan partidos y coaliciones: Movimiento de Regeneración moral (Morena) cercana a Andrés Manuel López Obrador, izquierda progresista, a mitad de mandato, que encabeza las preferencias. Lo sigue el autodefinido derechista PAN; el escoriado PRI, Partido Revolucionario Institucional, depositario del antiguo y cuestionado legado de 70 años de partido único en el gobierno del Estado; el Partido de la Revolución Democrática (PRD) donde antes estuvo AMLO. Y los verdes, el emergente movimiento ciudadano y nuevas particiones de izquierda.

¿Quién corre favorito? Bloomberg dice que sería una sorpresa si Morena de AMLO no llegase a superar el 50% de la votación. Como la legislación electoral permite coaliciones, según cargos y niveles, la evaluación del sentido del voto es complicada. No es imposible encontrar coaliciones identitarias que son contradictorias entre sí en los diversos niveles y estados pero que hacen alianzas tácticas. En suma, México va por Senado, diputados, gobernadores, treinta congresos estaduales, 1.900 municipios locales. Participarán ciudadanos del interior y el exterior. Así leída estamos ante una de las democracias más importantes de AL y el mundo.

En consecuencia, se explica por qué requiere un sistema informático para una elección limpia e imparcial. Software, expertos y equipos. Y capaz de articular la instalación simultanea de muchísimos centros de voto, el proceso en urna, realizar el conteo de los votos, el registro de las actas y un subsistema de observación y transparencia. Y que los encargados del sufragio no se contaminen con los intereses partidarios o candidatos. Ni faciliten la asignación desigual de los recursos electorales. O descuiden la pandemia.

México tuvo una experiencia indeseable en el pasado durante el conteo. Apagones herencia del “pisco y butifarra”. Hay millares de denuncias que nacen desde el incumplimiento de la hora de la instalación de mesa, el llenado y firma de la urna con los votos, el conteo manual, ahora también digital, la incierta transmisión de datos, la acumulación de la data en las bases de datos que no fueron bien puestas a cero, el procesamiento de algoritmos de inteligencia artificial, el uso del conteo rápido electrónico.

De tales exigencias, surgió, en la tierra de Zapata, la auditoría electoral. Esta se ha ido refinando, según enseña el Dr. Julián Sagredo, PhD. del Politécnico de Zúrich, físico experto, que advierte sobre los riesgos desde que se digitalizan las actas. Dice que en tiempos recientes se han desarrollado algoritmos matemáticos que alteran los resultados, por lo que nos entrega un software especializado en detectar cuando se desvían los resultados de las tendencias estadísticamente observables de las votaciones. Otrosí. Tercerizar el conteo electrónico de votos a servidores no públicos introduce una interferencia que México rechazó de plano.