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El último asalto

“Por última vez los candidatos estarán frente a frente, delante de un auditorio nacional al que necesitan persuadir y que será implacable a la hora de juzgar sus aciertos”.

A estas alturas, faltando tan poco para el día de la votación, podemos decir que tanto Keiko Fujimori como Pedro Castillo han hecho una mala segunda vuelta. En contra de lo que les exigía el momento, tanto en términos de estrategia como de responsabilidad cívica, ambos han mantenido una estrategia obtusa, focalizada en sus votantes originarios, con pocos gestos para atraer a esa inmensa mayoría que no los eligieron en primera vuelta.

Para Castillo fue suficiente la sumatoria del antifujimorismo, el voto de izquierdas y el voto antisistema para mantener un porcentaje mínimo que nunca bajó del 40%. Fujimori y su equipo se entusiasmaron con el espejismo de una subida pronunciada, que ubicó a Fuerza Popular a dos puntos de Perú Libre —luego de ir perdiendo por veinte— y les hizo pensar que la campaña estaba ganada, por lo que volvieron alegremente al discurso fujimorista de toda la vida.

Lo cierto es que las encuestas no han dejado de moverse. Hace una semana, tres mediciones indicaban que la ventaja a favor de Castillo había crecido. Pero llegamos a este fin de semana con un simulacro de Datum que vuelve a acercarlos y los ubica a menos de dos puntos de distancia.

Esto quiere decir que, como ocurrió en las elecciones del 2011 y 2016, esta segunda vuelta sigue abierta y -aunque Castillo mantenga su favoritismo, luego de aguantar adelante todo este tiempo- se definirá en el último instante. Para ello serán decisivos hasta los gestos más mínimos, así como el trabajo de los personeros.

Pero, sobre todo, a pesar de la poca importancia que se le daba, será fundamental el debate de este domingo. Por última vez los candidatos estarán frente a frente, delante de un auditorio nacional al que necesitan persuadir y que será implacable a la hora de juzgar sus aciertos y errores, en el fondo y la forma. (Alguna vez habrá que analizar el efecto de las bromas y memes posteriores a los debates en el resultado de algo tan grave como una elección presidencial).

Castillo llega necesitando defender su delantera y deberá dar señales de haber enmendado los tres peores defectos mostrados en campaña: el desorden, la improvisación y la ausencia de una propuesta económica mínimamente sensata. Keiko Fujimori tendrá que lidiar con su falta de credibilidad, además de encontrar un equilibrio entre los ataques y las propuestas, justamente, a las debilidades de su rival, intentando posicionarse como la opción más preparada y consistente. Todo esto sazonado con una continuación del delirio populista en que ambos han entrado, por ejemplo ofreciendo alegremente condonar las multas a los transportistas.

Solo falta una semana para que concluya esta larga y agotadora segunda vuelta. A prepararnos para lo que viene luego.