Lucia Solis

Lucia Solis

Casa de Brujas
Periodista feminista, activista y editora de género en Grupo La República. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y máster en Estudios de Género por la Universidad Complutense de Madrid (en curso). @lamenstruante lucia.solis@glr.pe

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363 días

“... el feminismo, mucho menos. Lo entendía. No lo aceptaba, pero te amaba y amo con todo lo que te componía y desfiguraba”.

Me dejaste un 29 de mayo por la madrugada. Menos de ocho horas desde que te vi por última vez. El día del cumpleaños de mi madre. No sé si es común pero me parece que ese primer impacto, el de la noticia, llega siempre en medio de la confusión. Te atraviesa fugaz el corazón y los huesos. No se asimila; solo se acepta como quien firma los términos y condiciones del WhatsApp: sin leer.

El WhatsApp. Me escribías decenas de veces los mismos saludos, me marcabas sin darte cuenta y dejabas la llamada correr como si no me quisieras dejar ir. Pero era al revés. Era yo quien no quería colgar. No podía tolerar la idea de no acudir cada vez que me llames. Hace dos años, dejé la pizza fría en el plato y me fui sin despedirme una tarde que dijiste o justificaste alguna expresión machista. El aire me dio en la cara apenas cerré la puerta de madera. La pena y la culpa me empezaban a comer y dar vueltas la cabeza. Porque sabía que te habías arrepentido, porque estaba segura de que no esperabas mi reacción.

Las formas no eran lo tuyo; el feminismo, mucho menos. Lo entendía. No lo aceptaba, pero te amaba y amo con todo lo que te componía y desfiguraba. Porque me ayudaste a distinguir entre quienes odian y quienes, como tú, aman a pesar del odio que recibieron, porque me enseñaste que el amor no es solo eso que se demuestra con los besos y abrazos que te costaba darme, sino también el que se transmite por las miradas y ese temblor en tu voz cuando me decías “cuídate mucho, hija’'.

No eras feminista ni aliado, pero fuiste y eres la representación más pura de lucha, superación, ironía, ternura y entrega a tu familia. El niño de pelo claro, el profesor, el esposo, el padre, mi abuelo, mi Tuto. Puedo decir que hoy, ahora y desde hace 363 días, me duele mucho más tu ausencia que nuestras discusiones y diferencias. Porque aunque pienso que no puedo ni podré vivir sin ti, aquí estoy, a miles de kilómetros de donde te di el último beso en la frente; contigo en cada brisa, en cada nube, en mí.