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Condena rotunda a la matanza

El crimen cometido en el Vizcatán debe ser perseguido y sancionado con firmeza.

La muerte de al menos catorce personas en manos de los narcoterroristas Quispe Palomino y sus huestes merece la condena unánime de la ciudadanía. Es lamentable que el Vraem, esa zona del país que aún no ha sido pacificada, siga recibiendo en forma intermitente estos latigazos de violencia, que nos sublevan por su vesania.

La expresión de esa condena ha sido unánime. El país entero se ha pronunciado contra estos crímenes que enlutan la democracia, ensombrecen el proceso electoral y buscan generar sombras en una etapa de enorme inestabilidad política por la polarización que se vive en el marco de los comicios del 6 de junio.

En las últimas décadas, pese a que se han hecho desde el Estado esfuerzos por la erradicación del terrorismo, sus nuevos vínculos con el narcotráfico y el sicariato han fortificado sus defensas y dificultan su captura. Los Quispe Palomino han sufrido bajas, pero siguen controlando la industria del mal que va surgiendo alrededor de las operaciones de los narcotraficantes en la región. Son narcoterroristas sobre cuyas cabezas pesan órdenes de captura y recompensas, pero siguen asolando la zona con impunidad y aprovechando lo agreste de la región.

Veinte años de diferentes estrategias de lucha contra el terrorismo en el Vraem no terminan de cerrar un capítulo nefasto en la vida del país, aunque se han logrado avances innegables que demandan que el Estado persista en su labor de pacificación y desarrollo. El Vraem merece, como pocas regiones en el Perú, un futuro de orden y paz.

En tanto, la consternación nacional por lo ocurrido no puede ser aprovechada por quienes quieren sacar réditos políticos en plena campaña electoral presidencial. Los mensajes destinados a construir una narrativa que inculpa a un sector político de responsabilidad en el atentado, sin pruebas y basados en prejuicios ideológicos, resulta absurda y poco creíble. La sanción debe recaer en los responsables, sin duda, pero querer sacar ventaja de un hecho tan brutal, es poco ético y censurable.

La actitud que corresponde es, además de zanjar con la violencia y el terrorismo, hacer una firme apuesta por la democracia, el Estado de derecho, la unidad nacional, la convivencia pacífica y la vigencia de las instituciones.