René Gastelumendi

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Sobrevivir bajo el fuego cruzado

“Nada como el temor como detonante de las posturas más radicales hacia el prójimo...”.

Votar por Castillo o por Fujimori no debe significar que nos juguemos a muerte por alguna de las dos posturas que nuestra democracia nos plantea.

Esta segunda vuelta nos propone una polarización, de manual, que se manifiesta en casi todos los foros en los que un individuo participa: desde la propia familia hasta los chats del colegio, de la universidad, del barrio, etc. Todos esos espacios están contaminados de dicotomía y lo que toca es estar permanentemente conscientes de ello para evitar conflictos intestinos incluso con los seres que más queremos. Es como un limbo en el que todo se magnifica o se diluye, dependiendo de qué lado estés o hacia qué lado te inclines.

La segunda vuelta traza una línea que debemos asumir como imaginaria, pues no podemos ni debemos desear eliminar al otro que piensa distinto. En ese sentido, el “mal menor” no es alguna de las dos candidaturas, sino la democracia misma. En este periodo electoral, más que nunca, cualquier dato, gesto, detalle, puede ser interpretado en un sentido o en el otro. Entendamos que aflora lo más primitivo de los seres humanos y que toda esa miseria que vemos en las redes es la misma miseria con la que vivimos día a día, solo que sin filtros y, es más, impulsada por el temor. Nada como el temor como detonante de las posturas más radicales hacia el prójimo electoralmente contrario, pero tan relativas para el prójimo al que consideramos similar.

Corrupción versus Comunismo, autoritarismo de izquierda versus autoritarismo de derecha, ricos versus pobres son solo algunos de los falsos dilemas que nos plantea esta etapa, falsos porque ambas candidaturas tienen casi los mismos pecados capitales de origen, de antecedentes o discurso. El centro deberá mantenerse en ese centro vilipendiado por ambos extremos o inclinar su balanza personal hacia alguna de las dos alternativas que la política nos ha puesto en el camino. Esas dos posturas no son las únicas, no lo olvidemos, son las únicas solo temporalmente y en función de las reglas de juego que todos hemos aceptado. Tampoco olvidemos, por salud mental, que la familia y los amigos íntimos debieran ser inimputables en esta polarización.