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La fase del suspenso

Castillo ha entendido algunas de estas cosas, y hace esfuerzos por remozar su campaña.

En IEP e Ipsos Keiko Fujimori sigue subiendo, pero hasta ahora no lo suficiente como para alcanzar a Pedro Castillo. Aunque en las dos mediciones de intención de voto y en el simulacro de Ipsos ya hay un empate técnico, lo cual sugiere que nada está escrito, y que cualquier cosa puede suceder en junio.

Quizás una parte de la respuesta final está en el desplazamiento de los votantes definitivos de cada candidato. En un mes Castillo ha perdido 5% de estos votantes, mientras que Fujimori ha ganado 7%. Los que definitivamente no votarían por uno de ellos han aumentado 9% en el caso de Castillo y bajado 9% en el caso de Fujimori. Algo a tomar muy en cuenta.

A menos de 20 días de la elección uno pensaría que nada puede cambiar en la tendencia gruesa en que Fujimori sobrepasa a Castillo en los próximos días, en una nueva versión de la fábula de la liebre y la tortuga. Aunque también la experiencia local sugiere que estos finales tan apretados son más bien impredecibles, aunque este no lo parece tanto.

Por lo pronto la tendencia a la pérdida y ganancia de votantes que es una suerte de motor de las mediciones no tendría por qué modificarse. Sobre todo porque las campañas de cada candidato siguen siendo esencialmente las mismas, y hay indicios de que ninguna de ellas va a cambiar de una manera significativa.

Castillo ha entendido algunas de estas cosas, y hace esfuerzos por remozar su campaña. Los mínimos cambios que ha lanzado no le han servido de mucho. Ha logrado conservar su primer puesto, pero a partir de un momento ha empezado a írsele de las manos, y hoy está claramente amenazado. No se ve qué más podría hacer para revertir la situación.

Fujimori en cambio parece cómoda en su campaña. Es evidente que una parte de su crecimiento es gracias a votos que están abandonando a Castillo, gente que finalmente la está reconociendo como el mal menor de la competencia. Pero hay un bolsón de votos en blanco e indecisos que le puede dar una de esas desagradables sorpresas de última hora, que ya conoce.