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Adiós lamentable Congreso

“Este es el Congreso que votó abrumadoramente por el golpe de Estado (los mismos partidos que ahora están ‘defendiendo la democracia’ para zamparse a un próximo gobierno)”.

El Congreso saliente ha comenzado a trepidar, con iniciativas dramáticas y fuera de tiempo, como una Cámara de Senadores de último minuto, o impedir que los futuros presidentes salgan del país hasta un año después de su periodo. En el mes y medio que les queda todavía pueden dar más rienda suelta a su imaginación creadora.

Pensábamos que se iban a ir en silencio, pero parecen decididos a hacer toda la bulla posible en su salida, quizás para distraer de su actuación, lamentable casi sin excepciones. Los que deberían tener un impedimento de salida son muchos de ellos, hasta que se revise bien las cuentas del Congreso.

Es comprensible que muchos congresistas consideren que el tiempo no les ha alcanzado. No es solo que el plazo establecido les haya parecido muy breve, pero este además se ha visto lastrado por la oratoria vía zoom, capaz de acalambrar cualquier estilo, y por largos discursos inútiles.

Algunos consideran que como el año-curul les ha quedado corto, los congresistas están promoviendo un Senado como puerta para volver a la Plaza de la Inquisición. Loable confianza en que alguien podría volver a ponerlos en una lista, y que habría votos suficientes para reelegirlos.

Este es el Congreso que votó abrumadoramente por el golpe de Estado (los mismos partidos que ahora están “defendiendo la democracia” para zamparse a un próximo gobierno). Todavía ahora algunos de sus integrantes se juegan el huachito de promover una vacancia presidencial.

Para hacer como que su tiempo se alarga, se han inventado los congresistas del 2020 una multiplicación de las legislaturas. No nos sorprendamos si aparece una poslegislatura, para seguir dando la lata en las inmediaciones del nuevo Congreso.

Tampoco nos sorprendamos si una parte de los actuales congresistas termina asesorando a los nuevos legisladores de su propio partido, o incluso a los de otro. Aunque la condición de exparlamentario no suele ser muy bien vista, ni acarrear prestigio alguno. Como hay políticos que no llegan con buena fama, tampoco se pueden ir con ella.

Lo más probable es que la inmensa mayoría de estos padres de la patria simplemente sea olvidada. Uno que otro quedará rondando el hemiciclo en pos de antiguas glorias políticas. Otros tentarán suerte en la política municipal o regional.