Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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La economía importa

“Si Castillo quiere tener alguna oportunidad, tiene que cambiar radicalmente la propuesta económica”.

Cuatro semanas son la vida eterna en una campaña electoral peruana donde el truco está en sintonizar con el electorado el día que va a votar. Las adhesiones anteriores cuentan, pero suelen ser volubles y, en esta elección, con un 80% del padrón electoral que no votó por ninguno de los dos finalistas, las cosas pueden ser extremadamente volátiles.

Lo que se llamó en los ochenta “la izquierda responsable” ha intentado esta semana ponerle frenos a Castillo. Verónika Mendoza ha tenido que tragarse el sapo de sentarse a la mesa, al menos unos minutos, con Vladimir Cerrón, en aras de la unidad. No le debe haber sido fácil, aunque para la tribuna parte de esos frenos está en desaparecer al fundador y secretario general de Perú Libre de la foto. Es difícil promover al candidato elegido por un líder lleno de citas misóginas, homofóbicas y antisemitas si este sigue parado a su lado. Pero no creo que la operación “lo invisibilizamos” funcione. Cerrón es el dueño de la cancha, los uniformes, el pito y la pelota. Y le ha hecho ascos, incluso en su Ideario Programa, a todo lo que Verónika Mendoza representa.

¿Puede “democratizarse” Castillo? Es posible y le haría bien desaparecer de su vocabulario político todo lo que implique destrucción. Verbos como desactivar, liquidar, abolir, destituir ya están siendo reemplazados por fortalecer, impulsar, reorganizar y reactivar. ¿Le creemos? Esa es otra cosa. Hasta ahora una publicidad como la bautizada en redes “la llorona” (al parecer un embuste con una actriz menor de edad) no le suma a la credibilidad que busca, si viola el principio de autenticidad, obligación legal en el Perú de toda pieza publicitaria testimonial.

Por la otra orilla, Keiko Fujimori no puede, ni aunque trate, garantizar que no se comportará como una autócrata. No solo es el legado de su padre. Es su propia conducta en estos últimos cinco años. No ha dado una muestra creíble de arrepentimiento. La anarquía que vivimos hoy es en muy buena parte su culpa directa. Si bien tiene equipo (es evidente que Castillo no lo muestra porque aún no lo tiene), su reclutamiento es de mediocre para abajo. Salvo excepciones, ¿a quién se le ocurre convocar prontuariados? ¿No hay un mínimo de renovación?

Con ambos jalados en democracia, queda el rubro corrupción. Fujimori padre y Cerrón, sentenciados. Castillo, en lo personal, limpio y Fujimori acusada, pero no sentenciada. En esto hay que repetir lo que vengo explicando desde hace siete años: lavado de activos por donaciones ilícitas en campaña, no hay. Ese delito existe desde el 2019, no antes. Fujimori puede acabar sentenciada por obstrucción de la justicia (presionar testigos, por ejemplo), pero ¿por lavado? Bien difícil. Santa, no es. Pero calibremos bien el delito para no perder rigor. En este rubro, gana Castillo, pero Cerrón le resta tanto que pasa raspando.

Nos queda, sin embargo, el asunto central en un país recesado por la pandemia: la economía. A cuatro semanas de las elecciones no hay una brizna de rectificación sobre el Ideario Programa de Cerrón. Castillo se radicalizó en Chota. Se estancó en la última encuesta de Datum, quedando Fujimori (que sube 10 puntos) a solo 5 puntos de distancia. Un tímido “respeto a la propiedad” (ni siquiera pudieron añadir el adjetivo “privada”) en el compromiso con Verónika Mendoza da cuenta de por qué en este aspecto la alianza no le suma mucho: para JPP el plan económico de Cerrón no les hace ni cosquillas. Les encanta. No añadieron ningún tema económico, salvo la promesa de una reactivación que nadie entiende cómo puede darse si expropias y expulsas la inversión extranjera, matas el libre comercio sin TLC y prohíbes las importaciones y, encima, “nacionalizas” (no respetas la contratación, violando la estabilidad jurídica) todo lo que se te pase por la cabeza como estratégico. Ese plan tiene un solo resultado y ya lo conocemos. Desempleo, escasez, mercado negro. En una palabra, hambre.

Nadie vota por el hambre con dignidad cuando recién hace diez años salió de la pobreza. Es bien fácil exigirlo si eres de los privilegiados que se van a beneficiar del empleo público. Si Castillo quiere tener alguna oportunidad, tiene que cambiar radicalmente la propuesta económica. Pero significaría abandonar las anteojeras ideológicas y a sus aliados. Más fácil está debatir en la puerta de Santa Mónica.

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