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Modelando para los electores

Casi nadie en la izquierda está hablando de Estado socialista y en la derecha pocos hablan de libertad absoluta de empresa.

¿Cómo así se ha metido una expresión tan académica y abstrusa como “modelo económico” en el debate electoral? Da la impresión de que se le está usando como discreto sustituto de algunas ideas más drásticas. Por momentos parece servir para no decir las cosas como son, pero al mismo tiempo el lenguaje electoral parece haber aceptado el término.

En los laboratorios de la ciencia económica la fórmula es útil para dar visiones de conjunto sobre realidades compuestas de muchas variables. Pero en el mundo de los no especialistas la palabra modelo es concebida como la definición de un bloque, de preferencia inamovible, al que algunos cambios, incluso menores, podrían desvirtuar, o por lo menos volver otra cosa.

Para los candidatos, y los políticos en general, el uso de modelo económico es una suerte de refugio que permite varias cosas: eludir el discurso especializado, no entrar a puntos específicos que podrían costar votos, difuminar la promesa dada en cuanto compromiso asumido. De paso, hacerse de una pátina de modernidad.

En la calle cambiar el modelo económico puede estar funcionando para referirse a una liquidación de las libertades capitalistas tal como estas se dan en el país. Defender el modelo económico puede apuntar a un deseo de que las cosas en economía sigan como están. En los dos casos la expresión opera como una síntesis sobre la que no se da detalles.

En una reciente encuesta una mayoría de los consultados opina a favor de que el modelo económico se mantenga, pero con cambios (54% moderados, 32% radicales). Según como se le vea, estas personas están pidiendo que siga lo mismo, pero perfeccionado, o realmente están pidiendo otra cosa. No hay precisiones sobre esto.

Al final se termina imponiendo un vocabulario más crudo, con expresiones como capitalismo neoliberal o comunismo estatista. Pero aun en ese momento el discurso electoral no termina de aterrizar en diseños concretos sobre la propiedad, el empleo, las libertades o las instituciones, y los argumentos a favor o en contra en cada caso.

Casi nadie en la izquierda está hablando de Estado socialista y en la derecha pocos hablan de libertad absoluta de empresa. ¿Cuánto de esto se esconde detrás de la narrativa de los modelos? ¿Qué esperaba encontrar la encuestadora que diseñó la pregunta?