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EE. UU.: ¿el fin del neoliberalismo?

“También dijo que Wall Street no construyó el país sino la clase media y que, ojo, los sindicatos construyeron la clase media, por lo que hay que reforzar su derecho...”.

El reciente mensaje de Joe Biden, por lo menos en el discurso, le ha propinado una paliza de proporciones al neoliberalismo: los ricos pagan muy pocos impuestos y por eso la desigualdad es muy grande, lo que se ha agravado con la pandemia: mientras 20 millones de americanos perdieron su empleo, 650 multimillonarios aumentaron su fortuna en más de un billón de dólares (trillón, en inglés). Y añadió: “Nunca ha funcionado la economía del chorreo. Es hora de que la economía crezca de abajo hacia arriba y desde el medio hacia los costados”.

Clarísimo: el libre mercado, dejado a su libre albedrío, favorece a los ricos. También dijo que Wall Street no construyó el país sino la clase media y que, ojo, los sindicatos construyeron la clase media, por lo que hay que reforzar su derecho de organización.

Lo clave es la revaloración del rol del Estado, lo que desde 1980 había sido desterrado por el neoliberalismo de Friedrich Hayek y Milton Friedman. Si bien este ya había sido derrotado en la práctica con la Gran Recesión del 2008 (algo “que no podía suceder porque los mercados siempre están en equilibrio”), ahora Biden les da el puntillazo con la reactivación económica e intervención del Estado para crear millones de empleos y reconstruir su infraestructura.

Biden le ha dicho a Xi Jinping que EE. UU. está en competencia con China para ganar el siglo XXI. Eso implica volver a invertir el 2% del PBI en investigación y desarrollo tecnológico que, ahora, está en un magro 1%. Hay que terminar con el “ninguneo” neoliberal al Estado que, desde siempre, ha estado presente en las innovaciones, desde el Internet hasta la ciencia médica (creando las vacunas), incluyendo el apoyo a la educación pública universal y las universidades, que abre de par en par la puerta de las oportunidades para todos.

Así, EE. UU. tiene que cambiar el paradigma del “libre mercado” para volver a la economía mixta que Roosevelt impulsó en los años 30 con el “New Deal” y que duró medio siglo hasta que fue reemplazada por el neoliberalismo de los 80 –que en nuestros países tomó el nombre del Consenso de Washington–. Robert Skidelsky, biógrafo de John Keynes, ya había dicho en el 2009 que estamos ante “el retorno del maestro”.

Esa economía mixta hoy existe en China, Corea del Sur y otros países del Sudeste Asiático. La participación en el PBI de las empresas estatales y privadas en China se reparte en 50% para cada una y hoy China es la “fábrica del mundo”. Este sistema mixto hará que, en el 2028, el PBI de China supere al de EE. UU. No es la estatización de todas las empresas ni la planificación centralizada –programa obsoleto que ya había fracasado en la URSS– lo que ha encumbrado a China, sino la economía mixta. Más claro ni el agua, ¿no es cierto?

El golpe de timón de Biden (que ya había comenzado con las guerras comerciales de Trump y su política de “hacer grande a EE. UU. otra vez” atacando la globalización) se hace necesario por su enorme división social y racial (ver la insurrección del 6 de enero). Biden dice que la democracia de USA tiene que demostrar que es un mejor sistema que las autocracias y que por eso ganarán la batalla del siglo XXI. ¿Será?

Para concluir, EE. UU. se acerca a la economía mixta, que es también la de China, con muy distintas características. En lo político, los sistemas son muy diferentes. Y van a pelear por la hegemonía, cada cual luchando por sus intereses, muchos de los cuales son distintos y hasta opuestos a los nuestros.

¿Cuál es nuestro lugar en esa disputa? Rafael Roncagliolo nos dice que América Latina debe tener una política de No Alineamiento Activo con ninguna de las dos potencias, lo que reafirma con un artículo en un libro de próxima publicación. Rafo, compañero y amigo, que ahora descansas en paz, permíteme decirte que tus enseñanzas y convicciones siguen marcando el camino de la promesa peruana.