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El mal menor es inevitable

“Lamentablemente los programas de los dos candidatos en liza son un desastre. Han sido hechos con pura ideología barata...”

Estamos ya en la segunda vuelta con candidatos inesperados y con grandes resistencias. Los analistas afirman que la segunda vuelta es otro partido. La verdad es que es y no es un nuevo partido. Es en la medida que tiene que ganar a nuevos electores que no votaron por ellos en la primera vuelta y exige una estrategia específica para tener éxito.

Pero no es en la medida que es también una continuidad del primer partido porque cada candidato tiene que conservar y consolidar lo ya conquistado en la primera vuelta. No puede traicionar a sus electores.

No se trata de traicionar los programas sino la confianza entregada a ellos porque, valgan verdades, los candidatos no han conquistado a sus electores con sus programas, su organización, su verbo y su carisma. Son los electores los que han logrado encontrar a un candidato para expresar su descontento, su protesta, su voluntad de cambio, su identidad, o también su satisfacción y su deseo de continuidad. De todo hay en la viña del Señor.

En ningún lugar del mundo, ni el país de mayor racionalidad, la gente vota por los programas sobre todo en las primeras vueltas, con la excepción quizás de los ciudadanos más informados. La inmensa mayoría vota más bien por identidad, confianza u otro tipo de sentimiento.

Esto es más cierto en el Perú en donde alrededor del 40% tiene una gran desconfianza en la política y en los políticos y no participa o los rechaza, en donde han desaparecido tanto los partidos históricos como los partidos de outsider que los reemplazaron y solo existen partidos-empresa que tienen dueño y que, en su mayoría, funcionan como vientres de alquiler.

Los programas, cuando están bien hechos, sirven más bien para la segunda vuelta porque los nuevos electores actúan con mayor grado de racionalidad y deciden por el mal menor. Eso es inevitable. Si su candidato (su bien mayor) ha perdido en la primera vuelta, solo les queda escoger el mal menor.

Lamentablemente los programas de los dos candidatos en liza son un desastre. Han sido hechos con pura ideología barata, sin ciencia ni técnica. Se nota que esos programas no han sido elaborados por equipos científico-técnicos interesados en la política. Un marxismo-leninismo vulgar y elemental se enfrenta a un neoliberalismo ramplón y cuadriculado.

Creo que la campaña de la segunda vuelta les está mostrando a KF y a Pedro Castillo los límites de sus programas originales. Tienen que hacer serios ajustes que no traicionen la confianza de los electores de la primera vuelta y les permitan a la vez ofrecer un mayor grado de racionalidad a los nuevos electores. Esto no es una tarea fácil. Ambos candidatos han ofrecido presentar a los cuadros político-técnicos que participarán en su nuevo gobierno. Pago por ver.

Pese a la guerra sucia, al apoyo de los poderes fácticos y de la prensa concentrada a KF y al despliegue millonario de su campaña, Pedro Castillo lleva la delantera. Pero no todo está dicho. Las cosas pueden cambiar.