Diego García Sayán

Diego García Sayán

Atando cabos
Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente es Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados. Autor de varios libros sobre asuntos jurídicos y relaciones internacionales.

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Una cosa es una cosa, otra cosa es otra cosa

“Ambas candidaturas coinciden en una visión retardataria de los derechos de la mujer, del enfoque de género, del matrimonio igualitario...”.

Quedará la “foto” de la primera vuelta como referente de un resultado que mucha gente aún no ha logrado entender. Pero, sin esperar a que las interpretaciones se decanten, la segunda vuelta ya está en curso. No es el segundo tiempo de la primera, sino algo diferente, tanto formal y jurídicamente como políticamente.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, como se dice. Algunos contenidos están cambiando, desde los dos flancos, dirigidos a ese 70% que no votó por ninguno. Desde ambas candidaturas asoman planteamientos o gestos nuevos frente a ideas-fuerza de la primera vuelta. El intento parecería moverse en ambos casos −y en algunas cosas− hacia el “centro”, en una segunda vuelta en que Pedro Castillo empieza con ventaja en intención de voto.

En el caso de KF su reiteración en la “mano dura” son hoy palabras desvanecidas. Han aparecido −recién− planteamientos ambientalistas como llegar a decir, hace pocos días, “minería sí, pero garantizando primero el agua”. Pero, acaso, los cambios hasta ahora son poco relevantes partiendo de un rezago a remontar.

El antivoto de KF viene del gobierno autoritario y corrupto de su padre que ella reivindica, como de su propia conducta destructiva de su otrora mayoritaria bancada, y de las acusaciones de vínculo con el escándalo Lava Jato y con los “cuellos blancos”.

En la trinchera de Castillo se observan algunos movimientos. Por ejemplo, positivos gestos hacia la inversión privada, con la reunión con la Sociedad de Industrias, impensable antes del 11 de abril. O constatar, ahora, una presentación afinada de lo de la Asamblea Constituyente: que respetarán la actual Constitución, por lo que no puede surgir de una decisión unilateral del Ejecutivo sino que es materia que tiene que ser considerada por el Congreso, como corresponde.

Sin embargo, el discurso estatista y autoritario en su candidatura −levantado más por Vladimir Cerrón que por el propio Castillo− abre una gama importante de interrogantes. Junto con planteamientos razonables (contra los monopolios, por ejemplo) prescinde del análisis de la ineficiencia de nuestro Estado, comprobada más de una vez, y de la necesidad de promover la inversión privada no solo nacional, sino extranjera, pues es motor de empleo y de recaudación fiscal, necesidades crecientes en el país. Hay una peligrosa lógica autoritaria, además, que atraviesa el discurso de su candidatura; en particular cuando habla Vladimir Cerrón.

Ambas candidaturas coinciden, sin embargo, en una visión retardataria de los derechos de la mujer, del enfoque de género, del matrimonio igualitario y de las obligaciones internacionales en derechos humanos (Corte Interamericana, incluida). Los planteamientos para combatir la pandemia son vagos o erróneos: con su tercera ola, Europa está demostrando que el levantamiento generalizado de cuarentenas es fatal.

En esa búsqueda de captar el centro estamos ante el contexto adecuado para exigir desde la sociedad a ambas candidaturas las clarificaciones, revisiones y garantías necesarias para que visiones arcaicas y controversiales puedan ser aclaradas o, mejor, corregidas. En esta segunda vuelta estamos, pues, ante otra cosa.

Lo más constructivo sería dar seguimiento y estímulo a los movimientos de fichas hacia el centro, así como garantías para que los temores sobre cada candidato no se materialicen, ya sea en un eventual gobierno, o desde sus bancadas en el Congreso. Con esto, aunque de manera indirecta, se podrían definir algunas coincidencias, lo que será fundamental después para la gobernabilidad con un Congreso fragmentado como el que vendrá.

Por eso, hubiera sido deseable que Mario Vargas Llosa, en lugar de avalar sin condiciones ni compromisos democráticos previos la candidatura de KF, cuando faltan tantas semanas para la votación, pusiera en blanco y negro, primero, las condiciones democráticas y de principios que ambas candidaturas tendrían que afirmar y respetar.

Después, como dicen sabiamente en Colombia, “amanecerá y veremos”.