Lucia Solis

Lucia Solis

Casa de Brujas
Periodista feminista, activista y editora de género en Grupo La República. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y máster en Estudios de Género por la Universidad Complutense de Madrid (en curso). @lamenstruante lucia.solis@glr.pe

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“Mamacita… mamacita”

“La voz y también el cuerpo de las mujeres como instrumentos de lucha, de decir aquí estamos y esto pensamos, asusta...”.

La infantilización y desvalorización de las mujeres es una práctica común entre quienes viven cómodos y se sienten poderosos en las empolvadas, oxidadas y cada vez más cuestionadas estructuras del patriarcado y el machismo normalizado. Sucede en las reuniones y dinámicas del trabajo diario, en los vínculos afectivos, en las organizaciones políticas y en la televisión.

“Mamacita”, “mamita”, o cualquier otra palabra que usen los varones (porque son principalmente ellos quienes nos violentan) para disminuirnos no expresa cercanía ni cariño. Es una forma más de perpetuar el machismo. Y se retroalimenta con aquella idea de que las mujeres calladas nos vemos más bonitas.

Pero ya no más. Desde las que deciden encarar al hombre que las acosa en las calles a las que piden explicaciones a los poderosos opinólogos que pueden difundir noticias falsas y difamar personas, el empoderamiento se hace cada vez más presente y sortea dificultades: todo lo que acarrea la desigualdad, el síndrome de la impostora y tener a los defensores del statu quo en contra.

Las mujeres a las que estos mismos poderosos destacan y respetan son aquellas que por diferentes factores no alzan (aún) la voz, las que son funcionales al patriarcado. No sucede así con las que se plantan frente a declaraciones de odio. A ellas las minimizan e infantilizan.

La filósofa feminista Celia Amorós dice que “conceptualizar es politizar’'. Cuánto machismo, clasismo y homofobia enquistada y protegida podríamos encontrar con solo un análisis superficial del discurso de las figuras que más se enaltecen en la política, en los medios, en nuestras propias relaciones.

Por eso impacta aquel grito de protesta. La voz y también el cuerpo de las mujeres como instrumentos de lucha, de decir aquí estamos y esto pensamos, asusta y desestabiliza. ¡Seguridad! La de las mujeres que, sin dejar de lado sus aciertos y errores, se enojan y defienden de la minimización y el machismo encarnado en ese condescendiente “mamacita… mamacita”.