Raúl Tola

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Las reglas de este juego

“... A los ciudadanos nos tocará hacer el trabajo inverso: buscar puntos de encuentro, rebajar las tensiones, descubrir las virtudes del diálogo y la tolerancia”.

Es un lugar común decir que con la segunda vuelta comienza una nueva elección, pero no se me ocurre una frase que resuma con mayor precisión lo que nos tocará vivir de acá al día de la votación.

Para comenzar, a ambos candidatos les será imposible pasar desapercibidos. A diferencia de la primera vuelta, donde los ataques por la derecha estuvieron concentrados en Rafael López Aliaga y Hernando de Soto, y por la izquierda en Verónika Mendoza y Yonhy Lescano, permitiendo a Keiko Fujimori y Pedro Castillo volar por debajo del radar, ambos estarán todo este tiempo en las primeras planas y serán esculcados de arriba abajo: sus antecedentes, sus declaraciones, sus planes de gobierno, su entorno, sus alianzas.

Varios temas dominarán el debate: la pandemia, el modelo económico, la democracia, la lucha contra la corrupción. Pero curiosamente, el mayor esfuerzo de ambos candidatos no será hacer propuestas, sino tratar de desmentir lo que se dice de ellos sin que sus votantes originarios se sientan traicionados.

Veremos a Fujimori negar sus antecedentes autoritarios, sus vínculos con la corrupción de Odebrecht y sus manejos caprichosos y destructivos de los últimos cinco años, y a Castillo acercándose al empresariado y negando que el modelo a seguir por el Perú sea la Venezuela de Nicolás Maduro o la Cuba de Fidel Castro.

Las reglas de este juego terminarán de definirse con la publicación de las primeras encuestas de intención de voto, que nos permitirán saber desde dónde parten Castillo y Fujimori. En todo caso, para perfilar una imagen ganadora, ambos deberán evitar más autogoles como los que en esta breve semana han comenzado a producirse, por ejemplo con Martha Chávez pidiendo que Manuel Merino vuelva a la presidencia o el propio Castillo ofreciendo más entrevistas como aquella donde afirmó que Vladimir Cerrón «ha sido condenado, no por corrupción, sino por la corrupción».

Al mismo tiempo, la guerra sucia arreciará desde ambas trincheras. Desde Fuerza Popular se intentará mostrar a Castillo como un terrorista, un improvisado, un temerario que quiere aplicar recetas varias veces fracasadas y arrastrará al Perú al desfiladero; desde Perú Libre se recordarán los múltiples pasivos acumulados por Keiko Fujimori durante su larga y accidentada vida política.

Este juego de polarización extrema puede servir como herramienta electoral, pero sus resultados serán nefastos para nuestra sociedad, agudizando las diferencias y hostilidades entre los dos países que han resultado de la primera vuelta.

A los ciudadanos nos tocará hacer el trabajo inverso: buscar puntos de encuentro, rebajar las tensiones, descubrir las virtudes del diálogo y la tolerancia.