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El Congreso que queremos

Crecen las expectativas de contar con un Parlamento no obstruccionista y sensato.

Mientras los conteos oficiales están a punto de acabar, ya se van conociendo las conformaciones de las bancadas en el Congreso de la República e identificando los nombres de sus integrantes.

Es evidente que la composición del Congreso es una representación del país fracturado en que nos hemos convertido y que la concertación será difícil y potencialmente podría responder a la polarización que se ha evidenciado en la primera vuelta electoral.

No obstante, las expectativas de la ciudadanía sobre este nuevo Congreso guardan relación con la priorización en la agenda política de temas vinculados a la necesidad más apremiante de la población, afectada por la pandemia y la crisis económica. Quien gane la segunda vuelta electoral sabe también que tendrá que responder a estas urgencias.

Se espera también que el Congreso no sea una obstrucción para que se cumpla con esa agenda pública y que por el contrario aliente y determine iniciativas del Ejecutivo, dotándolo de la gobernabilidad que se requiere, sobre todo en los primeros meses en los que se estabiliza el régimen, propone su equipo de gobierno, plantea ante el Congreso sus primeras medidas y define su rumbo.

También el Congreso tiene una función fiscalizadora y al mismo tiempo equilibrante ante potenciales medidas y acciones que pueden ir en detrimento de las libertades y de los derechos de los ciudadanos. El abuso de las mayorías congresales en los últimos cinco años ha desdibujado totalmente su función de contrapeso en relación al Poder Ejecutivo, generando inestabilidad y un franco deterioro de la calidad de la democracia.

Las votaciones a mansalva a las que nos tuvieron acostumbrados no solo alteraron el orden constitucional y fueron el caldo de cultivo de protestas masivas, con el saldo de vidas que aún hoy lamentamos. También se perdió un tiempo valioso para enfrentar la pandemia y no se generaron las condiciones que nos hubieran puesto en mejor posición para enfrentar los efectos económicos de la cuarentena.

Por ello, crecen nuestras expectativas de contar con un Parlamento vigilante, democrático, sensato y equilibrado. No es mucho pedir.