Sonaly Tuesta

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Mi Perú

“El sonido del waqrapuku es la señal que estábamos esperando. ‘Escucha al viento, hay esperanza’...”.

No es este tu país/ porque conozcas sus linderos,/ ni por el idioma común,/ ni por los nombres de los muertos./ Es este tu país,/ porque si tuvieras que hacerlo,/ lo elegirías de nuevo/ para construir aquí/ todos tus sueños (Marco Martos).

Quiero un país donde nuestros derechos aterricen en la vida cotidiana y se transformen en respeto, dignidad e igualdad de oportunidades. Sin privilegios de ningún tipo ni actos de corrupción que nos mantengan en la pobreza.

Quiero un país donde las mujeres seamos libres para decidir y ser lo que queramos ser sin dogmas ni violencias que anulen lo que ya hemos conquistado.

Quiero un país donde su diversidad natural y cultural sea aprovechada a favor de cada una de las poblaciones de costa, sierra y selva, guardianas del bosque y de las montañas.

Quiero un país donde el saber milenario de los pueblos sea una eficaz herramienta de innovación y desarrollo.

Quiero un país donde la interculturalidad no sea solo una palabra pertinente en el discurso, sino una realidad concreta y transversal, que promueva la integración de vidas y experiencias, para comunicarnos mejor y entendernos reconociendo cada cultura y cosmovisión. Priorizando a las comunidades y no a los que ostentan el poder económico y político.

Quiero un país solidario, un país productivo, un país de comunidad, un país de reciprocidad, un país que busca el bien común y no se da por vencido. Un país que reconoce sus linderos, los centros y bordes, que no se queda en Lima. Un país que escucha y se pone en los zapatos del otro, un país donde haya muchas más razones para unirnos que para dividirnos.

El sonido del waqrapuku es la señal que estábamos esperando. “Escucha al viento, hay esperanza”, nos dice el maestro venido de las alturas. Vamos a picchar unas cuantas hojas de coca. Cuando esta endulce, estaremos listos para empezar la jornada. Contendremos la mala energía y nos iremos a votar.