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De elecciones y vacunas

“Hay numerosas listas, pero las encuestas anuncian como muy poco probable el triunfo de quienes quisieran prolongar la vigencia de la constitución pinochetista...”.

Todos los candidatos están de acuerdo en la prioridad de obtener las vacunas y vacunar. Es una cuestión de emergencia. Claro está. Pero, las vacunas tienen todas una vigencia temporal y luego habrá que revacunar. Por otro lado, la aparición de nuevas variantes, más letales, y seguramente, mañana, de nuevos virus, lleva a pensar que hemos ingresado en una etapa histórica diferente: la era de los virus.

Entonces, la pregunta no es solo cómo traer y distribuir ahora esta vacuna para el COVID-19, sino lo que es más relevante: cómo afrontar las pandemias y asegurar las vacunaciones en el mediano y largo plazo.

En efecto, no podemos seguir prolongando el autoengaño según el cual esta pandemia es un acontecimiento puntual, único, eventual. Que era lo que creíamos al principio, hace más de un año. Una ilusión que nos cuesta abandonar y estamos tentados a sostener, más allá de lo que resulta razonable.

Ante el dilema de fondo, existe un divortium aquarium que divide al conjunto de los candidatos. Unos quieren traer las vacunas sin tocar el statu quo actual. Otros, piensan que es urgente e indispensable traer las vacunas, pero también cambiar las cosas, para asegurar que estas y las próximas vacunas lleguen a todos.

Unos creen que ello se logra con la lógica de los negocios privados. Otros sostienen que se requiere de una acción planificada y concertada, en función de las necesidades colectivas y no de los negocios.

Este problema es aún más dramático, dado que ningún país puede tener éxito en la lucha contra las pandemias si no tienen éxito todos los países juntos. Es decir, que a escala internacional se reproduce, con mayor razón, lo que ocurre en el nivel nacional: o nos salvamos todos o nos hundimos todos. Las soluciones no dependen solo de nosotros.

Por lo tanto, la cooperación internacional es clave y urgente. Así, la política exterior –clamorosamente ausente en la gran mayoría de los planes de gobierno de esta campaña– pasa a ser un eje fundamental de la salud y de la sobrevivencia. Por eso, no solo son importantes las elecciones peruanas. Mañana hay también elecciones subregionales en Bolivia y nada menos que la segunda vuelta de la elección presidencial ecuatoriana.

En esta última, el dilema es entre Andrés Arauz, del partido Unión por la Esperanza, y Guillermo Lasso, del movimiento Creando Oportunidades. El primero, apoyado por el expresidente Rafael Correa, va ganando en cuatro de las cinco encuestas de intención de voto que se realizan en el hermano país. Podría suceder algo similar a lo ocurrido en Bolivia con las elecciones posteriores al golpe de Estado que organizaron la OEA y el gobierno de Trump.

Además, para mañana estaba también originalmente prevista la elección de la Convención Constituyente en Chile. Debido a los estragos de la pandemia, esta elección se ha postergado para el 15 y 16 de mayo próximo. Hay numerosas y variadas listas, pero las encuestas anuncian como muy poco probable el triunfo de quienes quisieran prolongar la vigencia de la actual constitución pinochetista. Y, sin duda, la composición de la Constituyente va a repercutir en la elección presidencial chilena de noviembre próximo.

Los cambios en Chile y el Ecuador -para no hablar de las elecciones brasileñas del próximo año, que pueden acarrear el fin del bolsonarismo– se sumarían a los ya producidos en México, Argentina y Bolivia. El resultado sería un mapa político de América Latina, y en particular de América del Sur, completamente distinto al actual.

Ojalá que todos estos procesos electorales nos acerquen a un mundo de cooperación, y no de competencia, entre nuestros países. En particular en el tema crucial de la salud colectiva. Y ojalá que mañana, en el Perú, esta perspectiva salga bien librada. Nada es seguro.