Roberto Ochoa

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¡Viva Piérola!

“Me encanta saber que un humilde profesor sutepista y quechuahablante superó al magnate de la educación...”.

Debo reconocer que guardo una entrañable fascinación por las campañas electorales desde aquella primera vez que me tocó votar para la Asamblea Constituyente de 1978.

Me seduce ese proceso individual y colectivo que va de la apatía inicial hasta el fervor de los días previos al domingo de votos. Pero insisto en que el voto no debería ser obligatorio. En todo caso, no se debería pagar multa.

Haber sobrevivido a las dictaduras velasquista y fujimorista, al terrorismo de Sendero Luminoso y a dos gobiernos de Alan García, me hacen políticamente inmune y la actual situación política –con pandemia de por medio– es moco de pavo.

Hace exactamente diez años el repunte de Ollanta Humala una semana antes de las elecciones provocó una histeria colectiva digna de mejor causa. Ya sabemos cómo terminó. Por eso creo que exageran los anti Verónika quien, dicho sea de paso, se lució como candidata.

Y me encanta saber que Pedro Castillo, humilde profesor sutepista y quechuahablante, ya superó al “magnate de la educación privada”, César Acuña.

Las campañas también sirven para develar los anticuchos de personajes sobredimensionados. Como el “economista” Hernando de Soto, cuya vida y obra es una gigantesca mentira (ni siquiera es el único autor de El Otro Sendero). O el caso del candidato de dios, Rafael López Aliaga, cuyos anticuchos con el fisco le garantizan una suite en el averno de los pecadores tributarios. Pero esta campaña sirvió para poner en orden al universo: HdS es a la economía lo que Chibolín es a la política. Y forman una linda pareja. Mientras que Beto Ortiz –después de tantas entrevistas– se mimetizó con RLA. O viceversa. Dios los cría y ellos se juntan.

A todo esto ¿importa mi voto? Creo que no, pero deben saber que mis candidatos al Congreso son el 1 y el 4 del Partido Morado. Quiero ver a Susel Paredes y al científico Edward Málaga-Trillo sentados cerca de la curul de Miguel Grau. ¿Y para presidente? Difícil, pero debo reconocer que soy un caballero tirado a la antigua. Y a los caballeros nos gustan las causas perdidas (grande, Borges): Votaré por Julio Guzmán.