Mirko Lauer

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Los ricos en la mira

Es cierto que en una mayoría de países los ricos tributan a partir de tasas progresivas, que los hacen pagar más que el resto.

Con el llamado del Fondo Monetario Internacional, FMI, a cobrarles impuestos más altos a los ricos, es probable que los veamos ir apareciendo en poco tiempo. No va a ser fácil ingresar a las cajas de los millonarios. Joe Biden ya había hecho una propuesta parecida a la del FMI, y las grandes empresas de su país se opusieron a las pocas horas.

El propósito de la iniciativa del FMI no es la justicia social, sino el salvataje de un capitalismo mundial empobrecido por la pandemia. La idea es que los Estados deben buscar dinero allí donde hay, y los ricos del mundo entero son quienes tienen la mayor cantidad de fondos disponibles para las reactivaciones económicas.

Pero aun si la propuesta se apoya en un frío cálculo económico en un momento de emergencia, es casi imposible que los ricos no la vean como un gesto que evoca a Robin Hood. Por lo pronto las izquierdas la han saludado como una materialización, o por lo menos un avance, del deseo de equidad social que figura en sus programas.

Es cierto que en una mayoría de países los ricos tributan a partir de tasas progresivas, que los hacen pagar más que el resto. Pero esto suele venir rodeado de una maraña de disposiciones que permiten pagar menos de lo establecido, y en algunos casos casi no pagar, según las habilidades de los abogados tributaristas contratados.

La reacción de los ricos a tributos que consideran excesivos, o incluso confiscatorios, ha sido mover su dinero a lugares que le cobran menos a las fortunas. Esto se ha ido volviendo menos cómodo y rendidor, a medida que los Estados se han ido poniendo de acuerdo para defender colectivamente sus ingresos tributarios. Los paraísos fiscales están de salida.

Es casi seguro que en este tema no veremos una imposición, sino una negociación. Los diversos gobiernos no tienen la misma capacidad o la misma voluntad de imponer cobros adicionales a un sector tan influyente de la sociedad como son las grandes empresas y los ricos. No es imposible que veamos algunos simples saludos a la bandera.

Cobrarle demasiado al dinero local puede ahuyentar al dinero que puede venir de fuera. Con lo cual lo que no se va en lágrimas se va en suspiros.