Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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El voto útil

“La única esperanza que nos queda es que la primera vuelta se lleve el autoritarismo, el machismo, la xenofobia, las hordas de trolls, el populismo, las mentiras y la difamación, el terruqueo y el chalequeo”.

Se les acaba el tiempo a los 18 postulantes a la presidencia y a las 19 listas parlamentarias. Como cada cinco años, fueron muchos los llamados y serán pocos los elegidos. 130 congresistas y dos candidatos presidenciales a una segunda vuelta es todo lo que va a producir la elección del domingo 11.

Sea por la pandemia, por la crisis económica o por la permanente inestabilidad política, las elecciones no han despertado adhesiones masivas. Lejos está la Keiko Fujimori del 2016 con 37% de intención de voto. Las preferencias suman mínimos y así, quien logre pasar del 10% del voto emitido, ya es un ganador. Un problema grave de esta falta de afectos políticos para quien gane es este mínimo porcentaje de adhesión en primera vuelta. Tal vez alcance para ganar, pero dudo que dé para sobrevivir. El Congreso inauguró la “vacancia por las puras” en el 2020 como forma de control político. El Parlamento que viene parece ser cortado por la misma tijera. Sea quien fuere el ganador, puede que en seis meses esté juramentando alguno de sus vices o el presidente del Congreso. Puede que, en un año, o dos, estemos discutiendo otras elecciones generales.

Con eso en mente, el estado de la cuestión es hoy tan precario como ayer. Sin haber visto las encuestas que se publican este domingo, las cosas se complican para la derecha y para la izquierda. Fujimori, De Soto, López y un lejano Beingolea se quitan votos del mismo electorado. Como no van a pactar endoses, no va a pasar ninguno. Por la izquierda, Mendoza vuelve a vivir el 2016 cuando Santos le quitó el voto zurdo que le permitía pasar a la segunda vuelta. Esta vez es Pedro Castillo, al que solo le alcanza para hacer daño. En resumen, como dice la salsa, no hay cama para tanta gente.

En el centro quedan Lescano (él, más a la izquierda que su partido) y Forsyth, que detuvo su caída ante la falta de mejores contrincantes en ese espacio. Aquí viene para el votante el dilema más complicado. Supongamos que, como a la mayoría de los electores, no le gusta ninguno, pero algo hay que elegir. Supongamos que para usted se adelantó la segunda vuelta y tiene que elegir el mal menor. Ya que no puede elegir lo que le gustaría, ¿no es lógico votar para que no suceda lo que no le gustaría? Este es el voto estratégico, que en una elección con claros ganadores casi no se usa, pero que con candidatos mínimos, se vuelve una opción interesante.

En primera vuelta del 2016 un sector de votos que iban por Fujimori se movió a votar por Kuczynski para que Mendoza no pase y así asegurar una segunda vuelta entre pares. Eso, más los votos de Santos ya mencionados la dejaron fuera. ¿Volverá a suceder esta vez, pero para definir a los dos finalistas? Sabiendo los antis en juego, otra vez, Lescano y Forsyth salen ganando. ¿Es una buena noticia? Lo dudo.

Salvo que después de los debates (a juicio de esta columna Beingolea, Humala, Guzmán, Mendoza y Fujimori fueron los mejores) se produzca un salto cualitativo como sucedió con Muñoz el 2018, hay unos 14 candidatos que saben que están lejos. No van a pactar, endosar o desistir. De los otros cuatros, todo depende de los errores de los demás, más que de los aciertos propios en los últimos días. Pero, como bien sabemos, las elecciones municipales no son un buen precedente de las nacionales y ese salto puede darse en Lima, pero no alcanza para un país.

La única esperanza que nos queda es que la primera vuelta se lleve el autoritarismo, el machismo, la xenofobia, las hordas de trolls, el populismo, las mentiras y la difamación, el terruqueo y el chalequeo y otras tantas formas bajas de hacer política. Aunque, francamente, eso también está en duda.

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