Mirko Lauer

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Brasil, la ronda de los generales

Pero las renuncias que acaban de ocurrir podrían estar llevando ese intento a una confrontación con las Fuerzas Armadas.

La celebración del golpe militar brasileño de 1964 es desde el 2019 una manzana de la discordia entre Jair Bolsonaro y buena parte del resto del país. Con jueces a favor y en contra bloqueando y autorizando la medida desde entonces, el tema ha regresado como un intento de Bolsonaro de amenguar la parte militar de la crisis que lo amenaza.

En Brasil se viene desarrollando un conflicto de impredecibles consecuencias. Tras la renuncia del canciller ha venido el despido del ministro de Defensa, y ahora la súbita renuncia de los comandantes de las tres armas. Los analistas estiman que la cosa ya ha superado el ajedrez civil-militar que venía practicando Bolsonaro.

Los problemas que enfrenta el gobierno son mayúsculos. Una escalada de Covid-19 fuera de control debido a deliberadas políticas de Bolsonaro ubica a Brasil como el epicentro del descuido y el avance de la pandemia en el mundo. Esto está sometiendo a las Fuerzas Armadas a una creciente presión que a muchos mandos ya les resulta insoportable.

La versión que ha empezado a circular es que los tres comandantes renunciaron en protesta por los intentos de Bolsonaro de politizar a las Fuerzas Armadas todavía más de lo que ya están. Los militares no quieren verse más asociados, léase supeditados, a un gobierno y a un político que ya se está moviendo al borde de la catástrofe.

En este contexto alentar la celebración del golpe de 1964 puede ser vista como un intento de empezar a convertir a Bolsonaro en el presidente de un gobierno militar de facto, un camino por el cual ya ha avanzado considerablemente. Se trataría ahora de terminar de neutralizar los frenos institucionales de la democracia brasileña.

Pero las renuncias que acaban de ocurrir podrían estar llevando ese intento a una confrontación con las Fuerzas Armadas. El problema para ellas es que no sería fácil deshacerse dentro de los cauces institucionales de un Bolsonaro que ha perdido todo sentido de los límites, y sigue sembrando más catástrofe con cada día que pasa.

Pero como van las cosas, podría producirse la paradoja de un Bolsonaro derribado precisamente a partir de sus afanes por celebrar, e incluso reflotar, el golpe de 1964.