Mirko Lauer

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Definitivo muy relativo

Debemos considerar que las cifras de una gran cantidad de candidaturas han subido, aunque sea poco.

¿Qué significa decir que uno definitivamente no votaría por determinada candidatura? Es una declaración de impacto, casi una expresión de odio, pero esto se ve relativizado por las propias encuestas que preguntan. La más reciente del IEP muestra cómo ese rechazo puede cambiar, e incluso que ha venido reduciéndose de manera significativa entre febrero y marzo.

No hay, pues, nada definitivo en el asunto. Quizás una parte de los consultados opinan que de ninguna manera votarían por determinado candidato como una manera de decir que no lo conocen. El paso de los días va suavizando la posición, en algunos casos reduciendo el número de rechazadores a lo largo de toda la lista de candidaturas.

De modo que aumenta el número de personas que dadas las circunstancias sí podrían votar por determinada candidatura. No significa que ellas vayan a votar por ella. Aunque es un paso en esa dirección, cabe preguntarse si abandonar el antivoto es dirigirse al voto. Pero debemos considerar que las cifras de una gran cantidad de candidaturas han subido, aunque sea poco.

Para el competidor la reducción del número de ciudadanos cerradamente contra él siempre será un alivio. Una parte de los sondeados ha declinado de una actitud negativa respecto de él, y por lo tanto podrían ser más fáciles de convencer. En algunos esta negatividad se ha reducido a menos de la mitad, y en otros a un tercio, o incluso menos.

Estamos, entonces, ante una forma de retroceso de las certezas. Allí dentro hay un proceso de canje de la antigua certeza por un proceso de dudas. Ahora ya son muchos más los que podrían votar por el candidato que rechazaban de plano, pero ese condicional se aplica a varios candidatos (tres en la encuesta IEP), y no nos dice mucho sobre el destino final de ese voto.

El porcentaje y la evolución de los rechazadores de plano no parecen tener mucho que ver con la ubicación de una candidatura, y en esto tiende a cierta imparcialidad. Candidatos muy rezagados pueden tener un antivoto bastante bajo, y lo mismo algunos que ya están cerca de la segunda vuelta. La cosa es en buena medida un asunto de química.