Mirko Lauer

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Vacunas fichas

“Quien está en la política, elegido o no, o la administración debe comprender que hay mérito patriótico en no diferenciar su suerte de la del resto de la población”.

Desde hace un tiempo hay una corriente de periplos breves al exterior, sobre todo a Florida, a cinco horas de vuelo, para aplicarse una vacuna expeditiva contra el Covid-19. No es ilegal, por lo menos en el Perú, y muchos condados de los EEUU, sobre todo los que ahora ya tienen más vacunas que candidatos a ellas las aplican sin hacer demasiadas preguntas.

No es ni remotamente un vacunagate, pero sin duda es una marca de privilegio que levanta cejas entre las largas colas que esperan en el país. Por eso muchos de estos viajes son más bien discretos, y en el caso de los políticos ampayados las críticas son severas, aun cuando, como ha dicho un candidato, vacunarse fuera no le quita vacuna a ningún peruano.

Es tradicional desplazarse a Miami para conseguir lo que no se puede obtener en el Perú. Por épocas fueron productos de importación prohibida, y siempre ha sido una búsqueda de sol más o menos todo el año. Pero la peregrinación hacia la vacuna tiene un sesgo nuevo, y un nuevo uso para los pasaportes estadounidenses de la doble nacionalidad.

Mientras tanto la lucha por difundir la vacuna es también una batalla contra el privilegio en un contexto de radicales diferencias socio-económicas. Si el coronavirus es más o menos igualitario también debe serlo, se plantea, el acceso a su prevención. Lo cual también significa, claro, un enfrentamiento parejo a los riesgos de la pandemia.

En unos días empezará la vacunación para quienes tienen seguros privados de salud, pero dentro del mismo principio de igualdad. Así, el Estado suministra las vacunas, fija los plazos por grupos de edad, y los protocolos, y el sector privado aplica los pinchazos a sus afiliados. Ciertamente se trata de un cierto avance para quienes hacían cola desde un limbo privado.

El escándalo que acaba de estallar entre autoridades de Loreto indica que la tentación de saltarse la cola a la garrocha desde una posición de privilegio es fuerte, y los casos van a seguir. Quien está en la política, elegido o no, o la administración debe comprender que hay mérito patriótico en no diferenciar su suerte de la del resto de la población.