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Juventud divino tesoro

La última vez que la juventud del candidato fue un factor decisivo en una elección presidencial fue en el triunfo de Alan García en 1985.

El principal mensaje diferenciador de George Forsyth en el pasado debate fue su insistencia en presentarse como una carta de la juventud. La idea es que ese sector de la población está libre de las limitaciones de los políticos de más edad, y puede aportar un comienzo nuevo, capaz de superar rémoras del pasado, sobre todo el pasado inmediato.

La política generacional cargada a una convocatoria a la juventud viene por lo menos desde Manuel González Prada y su célebre llamado de 1888. Desde entonces fueron muchos los partidos que se presentaron como una empresa de los jóvenes del país y algunos, los más contestatarios, efectivamente lo fueron, sobre todo en su fase inicial.

Según el padrón del JNE 27% de los próximos votantes tiene 30 años o menos, y casi 22% tiene entre 30 y 39 años. Allí están los jóvenes a los que está apelando Forsyth, parejamente repartidos entre mujeres y hombres, y concentrados en Lima. Naturalmente, los punteros suelen tener el mayor porcentaje de votación joven en las encuestas.

Sin embargo el voto joven está bastante repartido, al grado que es difícil hablar de una conciencia juvenil unificada. La apuesta de Forsyth es crear algo parecido a partir de su propia edad y de su figura, que es efectivamente juvenil. Un rechazo al pasado, sin más contenido que un rechazo a la forma en que se han venido manejando las cosas.

La última vez que la juventud del candidato fue un factor decisivo en una elección presidencial fue en el triunfo de Alan García en 1985.

Parece difícil que Forsyth se beneficie de un modelo tipo flautista de Hamelín, y logre llevarse a todos los votos jóvenes en una misma dirección. Pero ellos han sido un factor importante en su buena estrella electoral. Lo que sí puede lograr con su nueva insistencia es reforzar esa ventaja. Pues en términos de imagen juvenil casi no tiene competencia.

El tiempo pasa y la familiaridad puede desgastar. En el 2016 Keiko Fujimori o Verónika Mendoza eran la parte joven en la lista de candidatos. Hoy sus signos característicos son más bien la experiencia política, una repetición del deseo de presidir, el inevitable historial polémico. Forsyth por lo menos aparece libre de las tres cosas.