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Esa lengua

López Aliaga por su lado evita atacar a Fujimori, pero está derramando lisura por todas partes.

Algunos candidatos, y los políticos en general, han empezado a atacarse en serio. Bueno, por lo menos más en serio que antes. No pasarán a los récords Guinness del insulto, pero sí son palabras y frases duras, algunas terriblemente exactas, que están modificando la temperatura política. Les quedan 20 días para seguir subiendo el tono.

Donde la cosa está más fuerte es en la derecha, donde Keiko Fujimori ha empezado a flagelar a Rafael López Aliaga (“rayadazo”, “no tiene control emocional”), a partir de la idea que allí están los votos que le faltan. Ataques que quizás sirven para darle a Fujimori una imagen más de centro, una jugada a dos bandas cuyo beneficiario final no está claro.

López Aliaga por su lado evita atacar a Fujimori, pero está derramando lisura por todas partes. Ha llamado a Verónika Mendoza “zángana” y a Julio Guzmán “mantenido”, y ha calificado al presidente Francisco Sagasti de “terruco”. Con lo cual solo parece estar consolidando una fama de deslenguado que lo acompaña desde el inicio.

¿Qué pueden estar pensando los electores sobre estos intercambios? Es probable que muchos los consideran simplemente divertidos, y que no piensan en sacar su decisión final de allí. Pero quizás sí lo hagan, sin advertirlo: las palabras fuertes revelan cosas sobre quienes las lanzan, y pueden dirigir la atención política hacia otra parte.

Los demás candidatos probablemente lo saben, y están cuidando su lengua, utilizando su acceso al público para concentrarse en pregonar sus virtudes. ¿Cantar las propias les es más eficaz que dedicarse a desprestigiar al rival más peligroso? En una campaña a veces algo de pugnacidad puede ser indispensable.

Henry Ford alguna vez dio un célebre consejo: “Nunca se explique a sí mismo. Sus amigos no lo necesitan, y sus enemigos no le van a creer”. Esto se aplica quizás a candidatos que son muy conocidos por el público (son los casos de Fujimori y Mendoza) a los que rivales menos conocidos les están comiendo la votación por los bordes.

Las próximas encuestas van a revelar qué está sucediendo con la lengua de los candidatos más conflictivos. No descartemos que las nuevas cifras lancen a algunos candidatos hasta hoy discretos a insultar. Tendrán que ser cosas muy fuertes, pues les van a quedar pocos días.