Mirko Lauer

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A gobernar todos, como sea

“El Congreso descubrió, antes de que llegara la pandemia, que hay votos suficientes para emitir leyes que le sacan la vuelta a importantes consensos políticos, o incluso al orden constitucional”.

Julio Velarde ha declarado que acatará la ley que fija topes a las tasas de interés, pero a la vez precisa que la considera una mala ley. Está obligado a acatar, pero su advertencia va más allá de una opinión personal. Es el presidente del Banco Central de Reserva dando a entender que la autonomía de su institución está en serio peligro.

Quienes apoyamos esa autonomía podemos consolarnos pensando que los próximos gobernantes respetarán los fueros del BCR, y en general mantendrán en su sitio el sistema de las llamadas islas de excelencia que han sostenido la marcha económica del país. En realidad no todos los principales candidatos lo garantizan.

El riesgo no está solo en las candidaturas que abiertamente están por un desmantelamiento del modelo, lo cual es presentado como modernización y perfeccionamiento. También están los que no piensan así, pero podrían verse arrastrados por los mismos impulsos de economía instantánea con que el actual Congreso cree estar resolviendo la crisis.

Lo que está cambiando ante nuestros ojos no es realmente la teoría socio-económica, sino más bien la manera de gobernar. El Congreso descubrió, antes de que llegara la pandemia, que hay votos suficientes para emitir leyes que le sacan la vuelta a importantes consensos políticos, o incluso al orden constitucional.

En pocos meses hemos visto desmoronarse el sistema de pensiones del país, ataques incesantes contra lo avanzado en educación universitaria, irregulares decisiones parlamentarias en el terreno de la recaudación, y ahora último una legislación sobre tasas de interés que va a afectar a la producción y a las finanzas.

La nueva forma de gobernar empezó cuando en el 2016 Fuerza Popular anunció que impondría al país su plan de gobierno desde su amplia mayoría en el Congreso. FP no se atrevió a tanto, pero el Congreso que le siguió, nacido del cierre del 2019, sí. Ahora no hay un plan de gobierno, pero sí una clara voluntad de imposición.

Más que proyectos partidarios, lo que estamos viendo es, como en el dicho Fuenteovejuna, cargamontones legislativos surgidos de los más insólitos lugares. El Congreso es intensamente impopular como institución, pero está decidido a gobernar por sí y ante sí, como si no hubiera mañana. Puede terminar imponiéndose incluso al próximo gobierno.