Mirko Lauer

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Peligros de última hora

El Ejecutivo tiene por delante una urgente lucha a corto plazo para atajar una ola populista de última hora. También, en el fondo, los candidatos más razonables.

Hay la sensación de que algunos miembros del Congreso están pisando el acelerador de lo que se viene llamando populismo, uno de cuyos rasgos centrales es legislar el atropello de derechos económicos establecidos. Lo venimos viendo desde hace largos meses, con iniciativas que parecen salir de la nada, y que en un santiamén acopian votos parlamentarios suficientes.

El argumento es la urgencia de los tiempos, y el sentido es ir desguazando diversas áreas del sector privado, de los más grandes a los más chicos. Así, el Estado indispensable para enfrentar la pandemia se puede ir volviendo una voluntad omnímoda. Esta semana, por ejemplo, se propone la expropiación de la industria del oxígeno.

¿Hasta cuándo va a durar esto? A mediados del próximo mes habrá una nueva camada de congresistas electos, lo cual ubicará a los actuales bajo otra luz. Los de hoy tendrán poder formal hasta fin de julio próximo, pero las miradas y las opiniones de los electos van a pesar cada vez más. No sabemos si eso volverá a este Congreso más cauteloso o más temerario.

Algunos se tranquilizan pensando que las leyes populistas de hoy son reversibles, y que el Congreso 2021-2026 reordenará la casa. Otros piensan que los recién llegados van a seguir con parecidas ideas y con la misma práctica, incluso fortalecidas por una crisis económica que avanza. En esto la elección parlamentaria es casi más fuerte que la presidencial.

Mucho tendrá que ver con qué presidente será elegido. Es decir si el próximo mandatario podrá hacer una alianza mayoritaria estable en el Congreso, y de qué naturaleza será esta. Consideremos que una caja fiscal en problemas va a atizar la tentación populista, en cualquiera de las direcciones ideológicas.

Nada puede suceder antes de mediados de abril, pero el fin de julio es un plazo demasiado largo como para que los nuevos elegidos se exoneren de revelar sus propósitos, expresar sus opiniones sobre el Congreso saliente, y empiecen a proponer acuerdos. En cierto modo la campaña electoral es eso, pero sin los votos su peso es tentativo.

El Ejecutivo tiene por delante una urgente lucha a corto plazo para atajar una ola populista de última hora. También, en el fondo, los candidatos más razonables.