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Bedoya Reyes, el fin de una era

No solo perdemos al hombre, estamos despidiendo a una generación.

Grandes oradores, con mucho conocimiento de los temas, polémicos y con carisma suficiente para arrastrar a miles de personas a las plazas públicas, a los mítines. Así eran nuestros políticos del siglo pasado, esos hombres de grandes proyectos políticos y de una poderosa capacidad de convocatoria. Así era Luis Bedoya Reyes, el “Tucán”, quien ayer dejó de existir a los 102 años. Con él muere una forma de hacer política, un ejercicio cotidiano de convicciones, una larga vida dedicada a la construcción de la organización política y a la lucha por el poder. El último de una generación conformada por grandes figuras de la historia peruana: Fernando Belaunde Terry, Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, Luis Felipe de las Casas, Enrique Chirinos Soto, Andrés Townsend, Gustavo Mohme Llona, Héctor Cornejo Chávez, Carlos Malpica, entre otros.

Bedoya Reyes fue un visionario. Bajo su conducción como alcalde, Lima se moderniza y alcanza nivel de urbe. Candidato presidencial en dos oportunidades y muchas veces ministro de Estado, congresista y constituyente, Bedoya ha formado parte de nuestra historia republicana contemporánea y siempre dio muestras de su agudeza, sentido del humor, análisis político y gran olfato.

No podemos olvidar un gesto democrático que habla de la raza del político que se ha ido. Habiendo obtenido la segunda votación más alta en la Asamblea Constituyente de 1978, lo que lo ubicaba como presidente de la Cámara, declinó en favor de Víctor Raúl Haya de la Torre, quien presidió la Asamblea, hasta su deceso.

Hoy perdemos no solo al hombre, sino que despedimos una generación. El ciclo se está renovando pero con abiertas consignas antipartido, con políticos que alquilan por cortos períodos un membrete partidario y al que luego abandonan, sin mayor problema.

Además de políticos que usan los vientres de alquiler, tenemos una larga lista de congresistas que van cambiando de tienda y una gran precariedad institucional que solo lesiona cada vez más a la democracia representativa peruana. Nunca como hoy, la política es cuestionada por la opinión pública, que opta por elegir a desconocidos o técnicos, para no poner sus expectativas frustradas en políticos que ofrecen y no cumplen.

Así que, despedimos a Bedoya Reyes y le decimos que lo extrañaremos y que lo que más admiramos de él fueron su profunda vocación democrática y la cerrada defensa de las instituciones políticas.