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El año de la cuarentena

El 16 de marzo del 2020 se decretó por primera vez el “aislamiento social obligatorio”.

Hemos permanecido intermitentemente 365 días entre cuarentenas, toques de queda y estado de emergencia. Nos subimos a una primera ola que parecía sin fin, de allí nos sentimos recuperados y pasó un período muy corto hasta que nos volvió a envolver una segunda ola de contagios y muerte.

Y aquí estamos, esperanzados en la vacuna, que hasta el momento parece ser el único antídoto capaz de hacer retroceder al virus que ha puesto al planeta en jaque.

El “aislamiento social obligatorio” nos confinó en nuestras casas, de las que solo podíamos apartarnos para ir una vez por semana a abastecernos de alimentos y medicinas. Algunos pensamos que la medida iba a ser temporal y breve.

Ha transcurrido un año desde entonces. Tímidamente se van reabriendo algunas actividades comerciales mientras la vida que conocíamos antes del covid parece aún lejana.

Nos hemos adaptado a una nueva normalidad. Mascarillas, distancia social, alcohol o desinfectantes y toma continua de la temperatura, ahora son vitales para la sobrevivencia. El teletrabajo y las reuniones zoom han sustituido la relación laboral y la interacción social.

El estilo de vida ha sido sustituido por un modelo que incluye aislamiento voluntario, estudios y compras a distancia y el hogar como centro de todo tipo de actividad. La crisis económica ha impuesto sus reglas y hacemos muchos ajustes en los gastos familiares porque nos enfrentamos a la ansiedad de un futuro incierto.

El covid ha puesto en evidencia también nuestras carencias y toda suerte de desigualdades. La salud en primer lugar, que hace agua por donde se mire. Falta infraestructura en general y servicios en particular. Las camas UCI y el oxígeno escasean, pero también faltan camas hospitalarias y médicos especialistas. Y la necesidad se agudiza en los sectores de menores recursos.

A diciembre del 2020 teníamos más de un millón de infectados y entre julio y agosto registramos la pavorosa cifra de 10 mil muertes mensuales. Aunque las cifras no son aún compatibles, el Minsa establece que la secuela de muertes a diciembre del 2020 fue de 37.680 fallecidos.

La esperanza de la vacuna nos alumbra débilmente. El proceso de vacunación avanza lento y prioriza a los más vulnerables en diferentes regiones del país. A medida que llegan las nuevas vacunas, vamos renovando nuestra esperanza en mejores tiempos para todos. Tiempos donde tengamos más salud y mejor economía.