Irma Del Águila

Irma Del Águila

Por ahí
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.

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Vacunas: por qué Chile sí y Perú no

“En definitiva, la crisis política en Perú no la originan las vacunas. No nos engañemos”.

El Congreso pone en entredicho la compra de las vacunas Sinopharm. ¿Cómo hemos llegado a tanta irresponsabilidad? La misma gente que quiere bajarse la vacunación en el Perú ensalza la performance del Estado chileno, que ha vacunado a más de 4 500 000 de ciudadanos. Más allá de la evidente contracción entre obstruir y ensalzar, y ya que se menciona, veamos qué sucede en el sur: allá se inocula a casi todos los ciudadanos con las vacunas Sinovac. ¿Y cuál es su eficacia?, ¿acaso 90%?, ¿85? No, entre 50% y 75%, dependiendo del estudio de referencia. En cualquier caso, mucho menor que la vacuna Sinopharm.

Otros dirán, pero la farmacéutica Sinopharm no ha publicado su informe final. Sinovac tampoco. En realidad, ninguna vacuna china. Con la salvedad de que Sinopharm es el único fabricante chino que ha publicado datos oficiales aunque, cierto, parciales sobre la eficacia de su vacuna en fase 3, estimándola en 79,34%.

¿Entonces? En Chile se entiende que las vacunas son de emergencia y se guían por los informes preliminares, y los estudios emitidos en otros países.

O sea, más o menos como el Perú, que consideró, además del informe preliminar del fabricante, el estudio emitido en los Emiratos Árabes que estimaba la eficacia de Sinopharm en 86%. ¿Entonces?, ¿qué pasa en el Perú?

Cierto, las denuncias sobre el tráfico de las vacunas Sinopharm de “cortesía” durante los estudios de la fase 3 en el Perú arrojan sombras sobre la idoneidad de la labor de la Universidad Cayetano Heredia así como sobre la transparencia del gobierno peruano (bajo Vizcarra) y la embajada china. Claro. Pero esas sombras sobre el estudio en Perú de ninguna manera alcanzan la eficacia de la vacuna testeada en otros países. Y, por lo demás, que cierta prensa interprete malintencionadamente un informe preliminar y anuncie al país que su eficacia es de 11% (o sea, como inocularse agua), denota un ejercicio irresponsable del oficio.

La clase política chilena está muy desprestigiada, casi tanto como la peruana, que ya es mucho decir. Sin embargo, allá existen partidos políticos y no los cascarones que luce nuestro alicaído hemiciclo. Allá, la prensa practica la libertad de expresión, pero se ciñe (más o menos) a parámetros deontológicos.

En definitiva, la crisis política en Perú no la originan las vacunas. No nos engañemos. La crisis de estas semanas no concluye tampoco con los antojadizos cuestionamientos a la idoneidad de las vacunas Sinopharm. Mañana serán las vacunas Pfizer, las Sputnik o lo que fuere. En realidad, las razones son de fondo: es la precariedad de nuestra clase política y cierta prensa cabildeando en juegos políticos pequeños, que no encuentran límites en este empeño, a falta de un marco institucional vigoroso. Con un gobierno debilitado por sus errores de gestión, por las ofensivas en medios y sin bancada.

En resumidas cuentas, lo que sí tienen Chile y otros países no son las vacunas. Es Estado e institucionalidad.