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La lucha de las mujeres

“Y el siglo XXI se encamina a asumir todas las luchas previas para convertirse en el siglo de la lucha universal por la igualdad, contra todas las formas de discriminación...”.

Una vez más hemos celebrado, el 8 de marzo, la Jornada Internacional de las Mujeres. Efemérides que la cultura consumista procura convertir en una frivolidad. Como se hace con el Día de la Madre, el del Padre y la Navidad. Sin embargo, lo que realmente se conmemora el 8 de marzo es un siglo de luchas de las mujeres del mundo por sus derechos.

De hecho, la celebración del 8 de marzo se remonta hasta 1857. Es la fecha en que las trabajadoras textiles de Nueva York organizaron una huelga reclamando salarios más justos y condiciones laborales más humanas. Y fueron detenidas, por supuesto.

Aquella huelga de las mujeres es muy anterior a la huelga de los obreros que comenzó el 1 de mayo de 1886 en la capital del estado de Illinois, en la que fueron asesinados los mártires de Chicago, lo que dio lugar al Día Internacional de los Trabajadores.

Exactamente 51 años después de la primera huelga de mujeres, el 8 de marzo de 1908, más de 15.000 mujeres volvieron a tomar las calles de Nueva York para exigir aumento de sueldos, disminución del horario de trabajo, derecho al voto y prohibición del trabajo infantil. Su eslogan era “Pan y Rosas”. O sea, seguridad económica y mejor calidad de vida.

En 1910, en Copenhague, se celebró una conferencia con cientos de participantes de más de 17 países. Una de sus propulsoras fue la célebre comunista alemana Clara Zetkin, quien propuso la fecha del 8 de marzo para la Jornada Internacional que celebramos desde entonces. Clara Zetkin era, por cierto, compañera de la insurrecta Rosa Luxemburgo e interlocutora ocasional de Vladimir Ilich Lenin.

Los 8 de marzo continuaron: a la caída del zarismo en Rusia, un gran número de mujeres se encontraban en huelga para exigir mejores condiciones de vida. El gobierno provisional de Kerensky concedió el voto femenino el 23 de febrero de 1917, según el calendario juliano; o sea el 8 de marzo, según nuestro calendario gregoriano.

En 1975, la Organización de las Naciones Unidas celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo. Hoy en día, la lucha sigue por erradicar la violencia de género y lograr que exista una igualdad entre mujeres y hombres.

Con razón advierte Anthony Giddens, en su texto ya clásico de 1995, “La transformación de la intimidad: sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas”: el cambio más importante del siglo XX en occidente ha sido el ascenso de las mujeres en su lucha (aún incompleta) por la equidad. Entre otras cosas, señala Giddens, el reconocimiento universal del sexo como derecho al goce (y no solo deber de procrear) está en la base de la explosión de los movimientos feministas y LGTB.

Así, simplificando, puede afirmarse que en el siglo XVIII se atizan las luchas de los esclavos por su libertad. El XIX es el siglo de las luchas obreras que son las que llevan al voto universal, a los partidos y a los sindicatos. El siglo XX es, sobre todo, un siglo de luchas de las mujeres y de los pueblos coloniales. Y el siglo XXI se encamina a asumir todas las luchas previas para convertirse en el siglo de la lucha universal por la igualdad, contra todas las formas de discriminación existentes dentro de cada nación y entre las naciones.

Un ejemplo de los progresos recientes es nuestro “Pacto nacional contra la violencia y la discriminación hacia las mujeres y por el pleno ejercicio de sus derechos”, que acaba de suscribirse en el marco del Acuerdo Nacional (hubiera sido mejor un título más corto, ¡claro!).

Esta lucha puede tener avances y retrocesos, como las amenazas de regresión que hoy nublan el cielo peruano.

Hay que tenerlo en cuenta cada vez que alguien quiera rebajar a la mujer a ser adorno de la casa y señora de la cocina.