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Camino a la destrucción

“En realidad se trata de un esfuerzo enloquecido por incendiar la pradera, volver a quebrar el orden democrático...”.

Los congresistas Posemoscrowte Chagua y Alexander Lozano están haciendo circular una moción de censura contra Francisco Sagasti. De prosperar, Sagasti sería vacado y su sucesor se convertiría en el quinto inquilino precario de Palacio de Gobierno en lo que va de este tormentoso lustro.

Integrantes de Unión por el Perú —partido que controla desde la prisión Antauro Humala y cuenta con la activa presencia de Edgar Alarcón— Chagua y Lozano sustentan el pedido de censura en la incapacidad de gestión, la «frialdad democrática» y la inoperancia demostrada por el gobierno en el combate al coronavirus. Para probarlo han reunido una colección de especulaciones, embustes y disparates bastante colorida. Afirman que la censura se plantea por las irregularidades detectadas en el proceso de vacunación, concretamente el caso «vacunagate». Como la responsabilidad de este escándalo no recae en el gobierno de Sagasti, sino en el de Martín Vizcarra, es razón suficiente que Sagasti mantuviera a los funcionarios que negociaron con Sinopharm y recibieron vacunas VIP. (Aunque fueran sancionados cuando los hechos se hicieron públicos).

A este argumento se suma el fruto de varias campañas de desinformación largamente desmentidas. Por ejemplo, que el gobierno viene impidiendo que el sector privado adquiera vacunas, cuando se sabe que en estos momentos las farmacéuticas solo negocian con Estados. O el contenido del programa de Willax donde el señor Ernesto Bustamante tergiversó información de un informe incompleto sobre la vacuna Sinopharm, una serie de mentiras aclaradas por miembros de la comunidad científica, de la que el mismo Bustamante ha debido desmarcarse.

Chagua y Lozano no parecen haber aprendido las lecciones del breve gobierno de facto de Manuel Merino, resultado de un asalto a la presidencia que fue repudiado por el país, que se saldó con multitudinarias marchas de protesta, dos jóvenes muertos y una renuncia vergonzosa. Tampoco importan las graves consecuencias que una nueva crisis generaría en la respuesta del gobierno contra el coronavirus. Finalmente, no parecen enterados de que falta escasamente un mes para las elecciones generales, de las que saldrá el sucesor de Sagasti.

Ambos aseguran que cuentan con el respaldo de toda su bancada y que esperan que otras se sumen a la censura. Como requiere de 66 votos para ser aprobada, bastaría que unas cuantas bancadas se sumen al pedido para hacerlo prosperar, algo que podría ocurrir perfectamente, alentado por las declaraciones de la excanciller Astete, quien asegura haber informado al presidente que pensaba vacunarse un día antes de hacerlo.

Solo un ingenuo creería que su moción de censura viene motivada por la preocupación por el país. En realidad se trata de un esfuerzo enloquecido por incendiar la pradera, volver a quebrar el orden democrático, interrumpir el proceso electoral y obtener beneficios del caos sembrado. Se asoma una crisis inminente para nuestro golpeado país, donde los presidentes pueden ser vacados por mentiras o sospechas, las mafias controlan la agenda política e intentan salirse con la suya a como dé lugar, incluso a costa de la destrucción del Perú.