Patricia Montero

Patricia Montero

Palabra de Montero

Más columnas

Patricia Montero

¿Perder amigos en elecciones?12 May 2021 | 5:05 h

Patricia Montero

La verdad se abre paso05 May 2021 | 5:09 h

Patricia Montero

Responda usted, señor Castillo28 Abr 2021 | 5:09 h

Patricia Montero

Hablemos de lo importante21 Abr 2021 | 5:30 h

Gracias, Pao

“‘Mi pena, mi pérdida, es dolorosa, pero es parte de la vida, esas familias no merecían lo que les pasó', dijo mi madre...”.

Podemos encontrar fortaleza y consuelo en las cosas, lugares o personas más inesperadas. Tras una pérdida reciente y dolorosa en mi familia, decidimos que mi madre pase unos días en mi casa, pensando que un cambio de ambiente nos ayudaría a transitar por esa dura etapa que es el duelo.

Mi mamá no es alguien que lea mucho. Cuando lo hace busca lecturas ligeras y amenas: una revista femenina o algo sobre cocina, de preferencia. Pero esta vez concentró su atención en un libro que tengo siempre sobre mi mesa de centro con la idea de que cualquier visita se anime a darle una ojeada. Este libro, CHINKAQKUNA. Los que se perdieron, recoge artículos y sobre todo testimonios de familiares de los desaparecidos durante el conflicto armado, peruanos que vivieron entre el terror desatado por Sendero Luminoso, pero también a merced de los abusos cometidos por las fuerzas del orden.

Mi madre devoró el libro en pocos días. Una lectura dura y triste. Yo no estaba segura de si era conveniente que lo leyera, entendiendo el duro momento que ella misma vivía. Un día antes de volver a su casa le pregunté cómo se sentía, si quería quedarse un tiempo más. Me dijo: “¿Sabes que me ha hecho reflexionar y me ha dado fortaleza? El libro que he leído”.

Y agregó: “Sé que he vivido momentos dolorosos, perdí a mi hermano, a mi sobrina, a mi amiga, pero fue una enfermedad la que se los llevó, Dios lo decidió así. Estas personas fueron maltratadas, asesinadas y desaparecidas por otros, delante de sus familias. Fueron otras personas quienes los hicieron sufrir. Sus víctimas también fueron niños y ancianos. Mi pena, mi pérdida, es dolorosa, pero es parte de la vida, esas familias no merecían lo que les pasó”, dijo mi madre con emotiva lucidez.

“Si esas personas han podido sobrevivir a esa pena, con mayor razón yo puedo”, agregó.

El libro fue un regalo de Paola Ugaz, gran amiga y periodista. Estoy segura de que ni remotamente se hubiera imaginado el rol que ha cumplido en mi vida y en la de mi madre. Gracias, Pao.