Irma Del Águila

Irma Del Águila

Por ahí
Socióloga y narradora. Exdirectora académica del programa “Pueblos Indígenas y Globalización” del SIT. Observadora de derechos humanos por la OEA-ONU en Haití. Observadora electoral por la OEA en Haití, veedora del Plebiscito por la Paz en Colombia. III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro por “El hombre que hablaba del cielo”.

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Orden de vacunación: ¿espíritu de cuerpo?

“En lo que va de la pandemia, en el Perú han muerto más de 525 policías en el cuidado de los ciudadanos. Esto no puede omitirse. Hay que cuidarlos...”.

Las vacunas no se van a multiplicar como los panes de Galilea, se trata de un bien escaso. Hay que administrarlo con cuidado. Por eso, urge cribar los grupos a vacunar y decidir el orden de vacunación, en función de la disponibilidad de las vacunas y los criterios del Plan Nacional de Vacunación.

Según el plan en fase 1, el primer criterio es proteger a las personas del sistema de salud y asegurar los servicios básicos. Y, al incorporar en esta primera etapa a los adultos mayores con más de una enfermedad crónica, se quiere “reducir la cantidad de personas en riesgo que enferman y fallecen”. Pero el número de adultos mayores a ser incluido aquí −del total de adultos mayores, 4 140 000− resta por determinar.

¿Cuántas vacunas llegarán en marzo y abril? Según el Ejecutivo, 600 000 vacunas del fondo Covax, 1 050 000 de Pfizer y (ojalá) 2 000 000 de Sinopharm. La llegada de los lotes de China es una contingencia luego del escándalo que ha salpicado a la farmacéutica Sinopharm y al Estado peruano.

Así las cosas, ¿a quiénes vacunamos primero? De acuerdo al Minsa, el total de las personas a vacunar en la fase 1 era de 1 066 892 personas, antes de incorporar a los adultos mayores. Los trabajadores de salud, 416 000, se vacunan con los lotes Sinopharm de febrero. Las vacunas por llegar serán administradas al resto. Si los miembros de mesa son 261 651, quedan 389 241 personas. ¿Quiénes son esos otros? Según el plan, personal de las fuerzas armadas y policiales, bomberos, Cruz Roja, personal de seguridad, serenazgo, personal de limpieza y estudiantes de salud. Donde el grueso del grupo es el personal de las FFAA y PNP.

El plan considera a todo el “personal de las fuerzas armadas y policiales”, que suman algo más de 200 mil personas. Sin mayor discernimiento. En Chile, solo se incluye en la fase 1 a personal de las fuerzas del orden, seguridad y fuerzas armadas “desplegados en el plan de acción por coronavirus”. De este modo, un buen contingente de militares y policías lo hará luego de asegurar que los civiles más vulnerables reciban la vacuna.

En lo que va de la pandemia, en el Perú han muerto más de 525 policías en el cuidado de los ciudadanos. Esto no puede omitirse. Hay que cuidarlos, y la mejor manera de hacerlo, ahora que la vacunación se da con cuentagotas, es transparentando el padrón de la policía y de las fuerzas armadas a modo de garantizar que el personal expuesto al contagio se vacune con prioridad. Sería irrazonable que un oficial que ocupa un escritorio en el Ministerio del Interior se vacune antes que los policías que custodian el hospital Loayza. Ha sucedido en otros países y no es inverosímil que suceda en el Perú. Tampoco sería aceptable vacunar a un joven teniente que mueve expedientes en el Pentagonito antes que una mujer que arrastra más de 80 años y algunos males a cuestas. Sería otro golpe moral para el país y al legado de Bolognesi y Grau.

El plan no es más claro respecto de otros grupos demográficos. Al final de la fase 1, y sin saber muy bien por qué, se incluye a “estudiantes de salud”, que se estima en 40 mil jóvenes. Volviendo a Chile, solo considera en fase 1 a los estudiantes de salud “en práctica clínica”, lo que resulta coherente. ¿Cuál fue el criterio seguido en el Perú? En cristiano, por qué un cachimbo de Medicina se vacunaría antes de que una anciana indígena del río Corrientes. Probablemente, por un fuerte sentido corporativo, el “cuerpo sanitario”.

La puerta de la vacunación es estrecha. De ahí la necesidad de revisar el padrón de la primera etapa, eventualmente postergar la vacunación de grupos no esenciales. Un sentido estratégico en la lucha contra la pandemia impone que se vacune primero a los que están en primera línea y a la población en riesgo. Y también los miembros de mesa, en quienes se apoya el proceso electoral del 11 de abril. No es admisible un espíritu de cuerpo sobre el interés nacional.