Augusto Álvarez Rodrich.

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La caída del reino de la naftalina

“El Perú no debe detenerse en el avance inexorable hacia la construcción de una sociedad más digna, para lo cual se debe derrotar a esos conservadores de un pasado de naftalina”.

El fallo sobre el derecho de una persona a que se respete su decisión de elegir una muerte digna es un triunfo de Ana Estrada y de quienes aspiran a una sociedad digna vía la instalación de una agenda con que las personas decidan cómo vivir sin afectar al resto.

Eso es lo que más les molesta a muchos conservadores de este aún muy atrasado país en lo concerniente a los derechos de las personas, a quienes la vida de Ana Estrada les interesa poco, pero pretenden que la gente viva y muera como ellos quieren, y que al ser derrotados recurren a la pachotada.

Como el candidato Rafael López Aliaga, quien tuvo el infeliz comentario sobre el caso de Ana, con total falta de empatía, de que “si una persona se quiere matar, que se tire de un edificio pero que no comprometa al Estado, si se quieren cortar las venas que pongan buena música, agua caliente”.

Ana está lúcida, pero sufre, desde hace tres décadas, una polimiositis degenerativa que la obliga a estar en cama por veinte horas al día conectada a un respirador, y que no tiene cura.

Gracias a una acción de amparo de la defensoría, la justicia le reconoció a Ana su derecho a morir con dignidad. “Era lo que necesitaba para dejar de vivir con miedo”, dijo al conocer el fallo.

Es un avance en la construcción de una sociedad con la libertad de decidir en asuntos personales claves, lo que requiere derrotar a los conservadores que reclaman la potestad de decidir que la gente viva como ellos quieren.

Esto incluye respaldar otras iniciativas fundamentales en esa dirección, como la decisión que deben tener las mujeres sobre su propio embarazo y al eventual aborto, tal como se acaba de aprobar en Argentina en un acto histórico para la región que, tarde o temprano, debe llegar al Perú.

Y, también, al derecho a optar por el matrimonio entre personas del mismo sexo. O, asimismo, a la despenalización del uso de la marihuana.

El Perú no debe detenerse en el avance inexorable hacia la construcción de una sociedad más digna, para lo cual se debe derrotar a esos conservadores de un pasado de naftalina, y a los cuales, por supuesto, no se les debe recomendar que se suban a un edificio, sino que, simplemente, respeten la libertad de las personas.

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