Diego García Sayán

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Colados los unos, derechos de otros

“Pero ¡no estamos solos! ‘Colarse’ es tentación continental y hasta mundial: caída del ministro de Salud en Argentina por el uso amiguista de la vacuna Sputnik V o en Chile...”.

El escándalo del “vacunagate” muestra lo que Carmen McEvoy ha llamado “el lado oscuro de una república”. Precisas palabras; en ella se “debía bajarle la cabeza a un señor”. Hay patrones históricos de ciertas conductas en las que funcionarios, políticos o empresarios son parte activa de un amplio elenco. No estamos, pues, ante hechos o conductas aisladas o circunstanciales, o que se puedan reducir solo a la mal llamada “clase política”.

Como en cualquier sociedad estructurada con privilegios y exclusiones, en el elenco de esta historia hay un personaje todopoderoso (el, hasta antes del escándalo, respetado Dr. Germán Málaga) que asigna fragmentos de poder –la “vacuna de emergencia”– a privilegiados/das.

Empezando por el entonces presidente Vizcarra y goteando prerrogativas a dos ministras, altos funcionarios, políticos, empresarios, lobistas, colegas y demás. Como en tantas historias en el ande narradas por José María Arguedas, un señor asigna su pequeña cuota de poder para alimentar el propio.

En este patrón histórico conseguir las cosas suele ser asunto no de derechos, sino de personas privilegiadas y de “vara”; saltarse la cola, parte de la normalidad. Se sintetizan aquí tres males de fondo que se arrastran y que la “modernidad” no ha hecho sino consolidar y extender como patrón de conductas sociales: el uso –o concesión– de privilegios que se usan para atrasar a los demás, la irrelevancia de las reglas y la mentira como parte de la conducta oficial.

Disponer o dar privilegios ha sido, desde el virreinato, una de las expresiones fundamentales de ejercicio del poder. De esta manera, se ha generalizado la creencia de que el progreso personal o familiar está asociado a obtener alguna porción, aunque sea pequeña, de esos privilegios.

En todo esto la mentira es el núcleo duro de la palabra, componente fundamental para justificar e intentar legitimar conductas que se saben irregulares y hasta delictivas. El país entero ha visto cómo la exministra de Salud, que ya estaba vacunada, declaraba sin que se le mueva una pestaña que se vacunaría al final y que sería “el capitán, el último en abandonar el barco”. El desapego a la verdad se ha multiplicado en colados que no tenían que ver nada con el ensayo clínico.

Pero ¡no estamos solos! “Colarse” es tentación continental y hasta mundial: caída del ministro de Salud en Argentina por el uso amiguista de la vacuna Sputnik V o en Chile las 37,306 personas que se vacunaron saltándose la cola de los grupos priorizados. Y no solo por acá. En Orlando (Florida) dos jóvenes damas fueron pescadas, bien disfrazadas de abuelitas, en la cola de las ídem.

En Alemania, se discute la suspensión del alcalde de la ciudad de Halle, también por saltarse la cola. Esta tragedia no deja de tener una repercusión positiva: vacunarse contra la Covid-19 es hoy algo aspiracional. Si los colados hicieron tanto y mintieron tanto para vacunarse irregularmente, es señal de que la vacuna debe tener gran valor y que más personas querrán vacunarse.

Los nubarrones de los colados nos han distraído, sin embargo, de buscar precisiones, aún faltantes, sobre cómo se garantizará la universalidad de la vacuna; para toda la población adulta; nacionales o extranjeros, cualquiera sea su condición migratoria. Sin exclusiones, tanto por razones humanitarias como epidemiológicas. Este es un tema crucial en el contexto actual: más de un millón de venezolanos/as, de diferentes condiciones migratorias, viven en el país.

El padrón de vacunación aprobado el 31 de enero incorpora bases de datos de la PNP, FFAA, ESSALUD, etc. Pero no figuran Migraciones, la Cancillería ni ACNUR, con lo cual centenares de miles de habitantes parecen no estar oficialmente incluidos. Asunto a corregir urgentemente para las fases 2 y 3. Teniendo en cuenta las calidades del ministro Óscar Ugarte no cabe duda de que impulsará los reajustes necesarios de manera que absolutamente nadie sea excluido.