Mirko Lauer

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¿Hay candidatos Sinopharm?

Para algunas teorías políticas un clima de zozobra tiende a inclinar la votación hacia un reforzamiento del statu quo.

Se ha desatado la especulación sobre a cuáles candidatos presidenciales daña y a cuáles beneficia el escándalo de las vacunas. En realidad todos ellos ya vienen bastante dañados por varios años de escándalos políticos y uno de pandemia. Las vacunas solo son la cereza que corona un enorme pastel de desencanto entre el electorado.

El daño a la candidatura parlamentaria de Martín Vizcarra es obvio. De la candidatura presidencial de su anfitrión Daniel Salaverry no había mucho que esperar, y ahora menos. Todos los demás candidatos y partidos son más o menos equidistantes a la vacunación secreta. No dudamos que a igual circunstancia hubieran tenido parecida reacción.

Quizás esa equidistancia que percibimos es la que está haciendo a la vacunación secreta menos aprovechable en la política. En todo momento los hechos vienen pesando mucho más que los comentarios de los candidatos, siempre cuidadosos en torno al virus. Además está la sospecha de que todavía hay cosas que descubrir.

Pero en términos más genéricos el escándalo refuerza un descontento ciudadano que viene de atrás y que se refleja con claridad en las encuestas. Hasta los candidatos mejor ubicados solo tienen un grupo deleznable de seguidores, y por ninguna parte asoma el embrión de un entusiasmo capaz de modificar esa situación de aquí a abril.

Uno hubiera pensado que el manejo eficaz del tema de la vacuna por parte del gobierno de Francisco Sagasti beneficiaría a su correligionario Julio Guzmán. No ha sido así. Como que el electorado no está en la actitud de elegir a partir de constataciones, sino en una actitud de protesta cerrada, de la que le va a costar mucho salir.

Para algunas teorías políticas un clima de zozobra tiende a inclinar la votación hacia un reforzamiento del statu quo. Sin embargo, no hay cómo obviar que es el propio statu quo el que está siendo criticado en las encuestas, con todos los candidatos sufriendo en el fondo un mismo castigo, en la forma de un ridículo aritmético.

Tal vez las encuestas de marzo den nuevas luces sobre estos asuntos. Para entonces probablemente las tendencias electorales más fuertes ya estarán fijadas, y algo nos dice que se van a parecer mucho a las de ahora.