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Vacunatorio VIP

“‘Ya no se puede creer en nadie’ es la frase que más se escucha a 50 días de las elecciones generales”.

Me robo el título de esta columna de la prensa argentina, la que, en materia del uso del idioma para describir la corrupción, va por delante. Los creadores de la “aduana paralela” (contrabando), el “reboleo” (aventar bolsas llenas de efectivo al otro lado de un muro), el dólar “blue” (sin control de cambio) o el “corralito” (confiscación de tu dinero) han creado “vacunatorio VIP” que describe un sistema de privilegio en la aplicación de la vacuna salvadora.

El caso argentino no es idéntico al peruano, pero las similitudes abundan. Un esquema escondido, una lista de favorecidos, ministros de Salud renunciantes y renunciados. En nuestro vacunatorio VIP la mentira ha sido bandera. Tal vez el caso más impactante de todos sea el de la Ministra de Salud Pilar Mazzetti. No hay, en este caso, “el yo siempre supe” tan limeño. Se le había criticado de todo en su gestión, pero no su rectitud. Por eso, conocer de su conducta delictiva el lunes por la noche dejó al país moviéndose entre el asombro y la indignación.

Participar de un experimento que busca salvar la vida de la humanidad debería ser apreciado como una conducta heroica. Si bien la medicina ya fue probada con animales y con grupos pequeños de personas, es en los ensayos clínicos masivos donde se aprecia su efectividad y los efectos adversos que pueden ser insospechados. Lamentablemente la conducta irresponsable y punible del doctor Germán Málaga, investigador principal de la Universidad Cayetano Heredia, que dispensó vacunas a diestra y siniestra (desde el nuncio de su Santidad hasta el dueño de un chifa) ha destruido el esfuerzo de 12,000 voluntarios, el prestigio académico de dos facultades de medicina y la credibilidad internacional del Estado peruano. Con eso, hay mucho, pero no es todo.

La implicación de más de un ciento de funcionarios públicos, a saber, el expresidente, ministras, viceministros, embajadores, directores generales con poder de decisión va más allá del escándalo. Sus responsabilidades penales, civiles, constitucionales y administrativas serán fijadas en las próximas semanas y meses. Tenían que tomar decisiones urgentes sobre la adquisición de vacunas y no las tomaron. Se vacunaron ellos y sus familiares viendo morir a miles. ¿No hubo alguno que levantara la voz y advirtiera que no era posible, desde ningún punto de vista, hacer algo así? Eso llena de desesperanza. Gente bien instruida, sin ningún compás moral. De la negrura de estos días, tenía que surgir una voz. Y no la tuvimos.

Si nos enteramos de todo fue por razones políticas. El ánimo de venganza contra Vizcarra buscó y encontró. No fue hasta que ese hecho fue puesto en evidencia que todo lo demás, a cuentagotas, se ha sabido. Lo peor es que aún no sabemos todo. La Embajada china se niega a revelar los 600 nombres (al menos de los peruanos) de personas para las que exigió 1,200 vacunas. El doctor Málaga no ha podido explicar por qué en su vacunatorio VIP inoculó tres dosis a 40 personas (incluyéndose a él) más allá de decir que estaba experimentando con seres humanos, sin supervisión alguna. Declaración que es difícil de creer.

“Ya no se puede creer en nadie” es la frase que más se escucha a 50 días de las elecciones generales. Votar es un acto de confianza, no ciega por supuesto, pero de confianza, al fin y al cabo. Lo que nos ha robado el vacunatorio VIP a todos los peruanos es más que una vacuna. Es la esperanza que da confiar en el otro.

Nota al pie. Si hasta la directora de Digemid se vacunó, ¿puede el presidente y el ministro de Economía y Finanzas firmar un Decreto Supremo de Urgencia para la libre importación de concentradores y plantas de oxígeno? La restricción paraarancelaria sanitaria ya dejó de tener sentido. Nuestra salud no les interesa. Les interesa mantener el monopolio de las droguerías autorizadas. Solo el libre comercio genera competencia y reduce de inmediato el precio, en esta situación tan desesperada.

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