Mirko Lauer

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¿De quién son los contenidos?

“En el fondo los gobiernos no están buscando una equidad económica, sino un equilibrio de poder político, quizás en la forma de un sistema mundial de control”.

Resumido al máximo, el conflicto entre Facebook y el gobierno australiano es que las empresas gigantes de Internet se llevan las noticias y la publicidad de los medios tradicionales. Los gobiernos vienen tratando de hacer pagar a las redes los contenidos tomados de los medios tradicionales que los producen. No ha sido fácil.

Sin embargo, Google siempre ha preferido negociar, lo cual no le ha impedido mantenerse lucrativo. En cambio para evitar esa negociación, Facebook ha bloqueado toda noticia australiana de sus pantallas. Sin embargo esto no parece el inicio de un nuevo modelo de relación comercial, sino la antesala de una negociación de todas maneras.

El choque entre la nueva tecnología de medios y la vieja ya tiene un buen tiempo. En un momento se pensó que luego de un primer impacto de Internet habría una conciliación en la que todos ganarían. Pero la erosión de los medios convencionales ha demostrado ser permanente, y los dedos apuntan hacia las grandes marcas de las redes.

Cuando Facebook chocaba solo con los medios su situación era manejable. Los problemas comenzaron cuando las redes, y las empresas que las controlan, empezaron a tener un poder directamente vinculado con la política. Es decir que empezaron a ganar elecciones y a influir con creciente fuerza en el destino de los políticos en el mundo.

Es la diferencia entre ser influyente, como la TV o los periódicos, y ser decisivo, como sus críticos consideran a las redes en general o a Facebook en particular. En el fondo los gobiernos no están buscando una equidad económica, sino un equilibrio de poder político, quizás en la forma de un sistema mundial de control.

Para los medios convencionales el conflicto Australia-Facebook es bienvenido. Pues bajo la especie de una libre circulación de datos (uno de los axiomas fundacionales de la red) los más modernos se han venido aprovechando del trabajo de los más antiguos, por más que estos últimos se sintieran beneficiados por momentos.

Así, pues, volvemos a la disputa original con la electrónica: no es lo mismo generar contenidos periodísticos que circularlos, y usarlos para vender publicidad. La diferencia de precio entre lo primero y lo segundo ayuda a comprender una parte de la bonanza de los gigantes de la red.