Humberto Campodónico

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“Pasito a pasito” y “paso ligero”

Cosa parecida sucede con el padrón del bono universal. Como la pobreza bajó del 50% al 20% (10% en Lima), ya todos eran “clase media”. Por tanto, ¿para qué tener al día el padrón?

Es muy importante la noticia del canciller Allan Wagner: en marzo llegarían 24 millones de vacunas adicionales de Sinopharm para 12 millones de personas. Aún no se alcanzaría la inmunidad de rebaño: para eso habría que vacunar a 25 millones.

Pero sí bastan y sobran para vacunar a los 3.3 millones mayores de 60 años (el 10% de la población total). Esto es crucial, porque las estadísticas mundiales −y peruanas− dicen que el 80% a 90% de las personas fallecidas tienen más de 60 años de edad: son las que más necesitan oxígeno y/o poder acceder a una cama UCI.

Cuando la gente no se muera en las calles por falta de oxígeno o de cama UCI y cuando haya 12 millones de vacunados, sí se puede pensar en una mayor apertura y avanzar en la reactivación económica.

Esa gran alegría que −por fin− podría estar cerca no nos exime de varias indignaciones. La más importante, desde la moral, la ética y la fraternidad, es que se han vacunado indebidamente cientos de personas aprovechando sus cargos, influencias y amistades. Faltan las palabras para tanto dolor. Va a ser difícil superar este trance.

La otra es el oxígeno. Si ya hubo escasez y sufrimiento en la primera ola, ¿por qué no se tomaron las medidas para evitar la segunda? Recién ahora se sabe que se producen 350 toneladas por día (tpd) de oxígeno, pero la demanda es 420: hay un faltante de 70 tpd. Cifras más, cifras menos, ese es el rango.

Y también que Southern tiene dos plantas de oxígeno en la Fundición de Ilo que producen 1.200 tpd. La SNMPE dice “que solo aquellos que tienen fundición producen oxígeno industrial, distinto al oxígeno líquido (medicinal) que requieren los hospitales” (Día 1, El Comercio, 15/2). O sea, no hay.

Eso es lo que dice el presidente Sagasti: “Dejar de producir minerales unos días puede salvar vidas, lo que necesitamos hoy”. O sea que sí hay. Esto fue corroborado por Linde, que opera el oxígeno de Southern: no solo se pueden producir las 6 tpd actuales, sino “que se podrá contar con 16 tpd adicionales de la Fundición de Ilo de la Southern” (Comunicado, 13/2). Y los técnicos del equipo Metalurgia COVID-19 afirman que sí es posible aumentar la producción, lo que necesita, sobre todo, compresoras de oxígeno y unidades de transporte. Tres veces: sí hay oxígeno.

Cosa parecida sucede con el padrón del bono universal. Como la pobreza bajó del 50 % al 20% (10% en Lima), ya todos eran “clase media”. Por tanto, ¿para qué tener al día el padrón? A lo que se añade la “focalización” para no entregar ni un solo bono “a quien no haya que dárselo”. Resultado: hasta el día de hoy no se entrega todo el segundo bono universal, 6 meses después de prometido, en parte por no potenciar al Banco de la Nación (debe quedarse en su rol subsidiario). Y el bono “pequeño y recortado” de S/ 600 se comenzará a entregar la próxima semana, después de un mes. No, pues. En emergencia, es mejor pecar por exceso que por defecto. Además, el bono aumenta la demanda y baja la caída del PBI.

El trasfondo de este cambalache es que 30 años de neoliberalismo han dejado al Estado desprovisto de las ideas y las herramientas necesarias para enfrentar los problemas de la población. Se piensa que hay que ir “pasito a pasito” si el oxígeno lo tienen las empresas: ese es el “chip” que perjudica a la población. Y, desde el MEF, también hay que ir “pasito a pasito” −y a regañadientes porque “hay déficit fiscal”− con el “bono focalizado”, aún en tiempos de crisis, lo que también perjudica a la población.

Pero sí se piensa, a paso ligero, para ignorar la segunda ola porque “perjudica la economía”. Y a paso más ligero todavía se han vacunado quienes no debían hacerlo. La indignación −y el anuncio de la llegada de las 24 millones de vacunas− ¿podrá modificar esta realidad y que el 11 de abril podamos comenzar a cambiar, de verdad? Esperemos que sí.

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