Mirko Lauer

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La vacuna privada

“A medida que los vacunados sean más, y la disponibilidad de vacunas aumente, quizás la economía y la logística de escala estatal ya no serán tan necesarias”.

El ministro Óscar Ugarte ha planteado la posibilidad de un mercado privado de vacunas anti-Covid-19, con algunas limitaciones. Por ejemplo, recién se podría empezar en las siguientes etapas, o la vacuna privada no podría costar más que la estatal. Parecen intenciones y salvedades preliminares, pero el tema cobrará importancia más temprano que tarde.

Las vacunas en un país como el Perú son estatales porque el Estado así lo ha decidido, a partir de argumentos de eficiencia en el manejo a gran escala, de búsqueda de equidad, y de preeminencia natural del aparato público de salud. En una mayoría de países se ha seguido un curso parecido, con los mismos argumentos.

El gobierno británico ha sido claro en decir que la vacuna privada recién será permitida cuando todos los grupos vulnerables del país hayan sido inoculados, y la disponibilidad sea abundante. Sin embargo, para quienes quieren viajar hay paraísos epidemiológicos donde es posible inmunizarse por una suma.

Como las vacunas son esencialmente un negocio privado, en él participan numerosas empresas, va a ser difícil que el cuasi-monopolio del Estado vacunador se mantenga. De hecho la vacuna pagada ya es un tema en numerosos países, y una realidad en varios. Así ha empezado lo que ya se llama el turismo de la vacuna.

¿Es esa forma de turismo legal? Hay de todo, pero en general suele ser mal vista pues suele saltarse el orden de precedencia establecido por las autoridades locales. En algún momento aparecerán algunas normas internacionales, pero mientras tanto es una forma de turismo medicinal más, con un mapa cambiante de destinos.

A medida que los vacunados sean más, y la disponibilidad de vacunas aumente, quizás la economía y la logística de escala estatal ya no serán tan necesarias. Entonces el turismo de la vacuna será simplemente una manera más de saltarse la cola con un billete en la mano, algo que siempre cae mal, pero no suele considerarse un delito.

Imaginamos que quienes compran su propia vacuna podrían estar haciéndole sitio a quienes no se lo pueden permitir. También los imaginamos contrapesando los problemas logísticos del Estado. Pero en cualquier caso es una expresión de desigualdad, algo que solo puede transparentarse en los bordes de la sociedad.